Calendario de actividades

Actividades de Jordi Pujol
Actividades de la Fundación
Actividades recomendadas

Próximas actividades

Participa
Suscríbete
Boletines

Privacidad

Colabora
Inicio > Centre d'Estudis Jordi Pujol > Boletín > Boletín 56 > El catalanismo, motor de la Catalunya del siglo XX

El catalanismo, motor de la Catalunya del siglo XX

Jordi Pujol
Editorial / 23 de Enero de 2007

A partir del miércoles que viene, día 24 de enero, y durante cuatro semanas, la Fundación Centre d’Estudis Jordi Pujol ha organizado cuatro conferencias con este título. La primera (de Francesc Cabana) hablará desde la perspectiva económica. La segunda (de Josep Termes) desde la social, en un doblesentido: en su conjunto y el de los movimientos sociales.



La tercera (de Vicenç Villatoro) desde el ámbito de la cultura, desde el modernismo y el novecentismo hasta el panorama cultural actual. Y desde la lengua. Y la cuarta (de Jordi Pujol) analizará el aspecto político. Y todo eso, repito, desde 1900 hasta hoy mismo. Y abriendo el interrogante del futuro.

¿Por qué hemos creído conveniente hacer este repaso histórico? ¿Por qué creemos que justamente ahora es importante hacerla?

No por lo que se podría decir un balance ritual de final de siglo. Sino por dos otras razones más sustantivas. Primero, porque realmente creemos que el motor principal de la Cataluña del siglo XX ha sido el catalanismo. Y que Cataluña no sería hoy lo que es sin el catalanismo. Y porque ahora hay quien se pregunta si a partir de ahora todavía hace falta. O incluso, que cree que ya no está en condiciones de serlo.

Dos grandes temas que enmarcan el debate sobre si Cataluña tiene que entrar o no en una fase postnacional.

Hay países -que no Son Estados- que durante el siglo XX han tenido un desarrollo económico importante. Incluso muy importante. Y un desarrollo social y cultural poderoso. Pero que en cambio no han llegado a constituir un país de la proyección y de la consistencia del nuestro. Otra cosa es que la explosión de los grandes Imperios (el austríaco, el ruso, el turco, el alemán) y la de la forzada y muy artificial Federación yugoslava, tanto como los correspondientes movimientos nacionalistas, han provocado la aparición durante el siglo XX de muchos nuevos Estados europeos, a menudo inesperados y no previstos por nadie, o casi nadie. A veces ni reclamados. Pero en el marco de los Estados sólidos de la Europa occidental ha habido territorios con un fuerte crecimiento económico, pero casi ninguno ha llegado a ser un país con la personalidad fuerte y original, con la combinación de tradición y de dinamismo, con la capacidad de proyección institucional y de influencia en el Estado de lo que forma parte, con la interrelación de economía y cultura, con la vitalidad social y el espíritu renovador que ha tenido Cataluña. Con el mantenimiento de una personalidad propia en un marco político mayor.


Si todo esto ha sido posible ha sido porque en el país ha habido una idea, un proyecto y una conciencia. Ha habido un hilo conductor. No ha sido sólo una sociedad que ha ganado dinero y que ha progresado económicamente. Y que ha desarrollado la dinámica social que lógicamente se deriva, desde la creación de nuevos sectores sociales hasta la lucha de clases. Y que ha incrementado su consumo y su producción cultural. Catalunya ha tenido mucha más ambición, ha tenido mucha más vocación de construir una sociedad, configurar un proyecto, incluso de proyectar un mensaje. Y por eso es por lo que Catalunya ha sido importante.

Es porque ha habido como un hilo rojo, como un elemento de transmisión de una energía al servicio, como decía, de un modelo de país, de un proyecto y de un mensaje. Y esto ha sido el catalanismo.

Se podría decir que sin una economía potente y unos sectores sociales dinámicos y una inquietud cultural y artística de gran calidad el catalanismo habría tenido un grueso, una potencia y una eficacia muy inferiores. Y también sería cierto. O sea que aquí hay un doble potenciamento de voluntad de proyecto político, y de realidades tangibles de orden económico y social. Es decir, sin crecimiento económico y desvelo social el catalanismo habría sido otra cosa. Pero sin conciencia de país, sin voluntad de afirmación y sin ansia de protagonismo histórico, Barcelona y Catalunya serían como tantas ciudades y regiones europeas –sí, regiones- que pese a su PIB no juegan ningún papel especial.

Y Catalunya sí que lo ha jugado. Y lo juega. Y lo podrá seguir jugando. Si quiere.

Y esto requiere, como haciendo referencia a Vicenç Vives decía hace poco un ilustre profesor, “una voluntad colectiva de ser, una historia compartida y una voluntad de continuarla como pueblo”. Esto ha sido así durante todo el siglo XX. Incluso cuando el catalanismo aparentemente había desaparecido del todo, es decir, durante el franquismo. El hilo rojo de la acción colectiva del país, para muchos incluso inconscientemente, seguía siendo esta conciencia y esta sensación de colectividad y de obra en común.

Ahora hay gente que se pregunta dos cosas: si esto todavía es posible, y si esto conviene. Y hay quien ya ha adelantado la respuesta o las respuestas: no es posible, o no conviene, o no es posible ni conviene. Y ha proclamado que Catalunya ya había entrado en la etapa postnacional. Y que ya era bueno. No conozco ningún país de Europa –ninguna nación de Europa generalmente con su Estado bien consolidado- que haya entrado en la etapa postnacional. Que me digan uno. Sólo uno. Y que me lo demuestren.


Pero de esto quizás hablaremos de aquí un tiempo, tras el ciclo que mañana iniciamos. De si también ahora, ya en el siglo XXI, el catalanismo puede seguir siendo y conviene que siga siendo, el motor de Catalunya.
Es cierto que la manera como han ido las cosas durante estos últimos tiempos, y sobre todo durante los últimos años, puede haber producido cansancio, desorientación e incluso una cierta frustración. Y que alguien desee mucha tranquilidad. Esto se puede comprender. De hecho, siempre, durante muchos años, hemos dicho que Catalunya se debía basar sobre todo en su fuerza serena y tranquila. Y constructiva. Y así había sido. Y así conviene que sea. Pero la serenidad y la medida no tienen nada a ver con la renuncia y la fatiga. Son exactamente lo contrario.
Pero como decía, por si acaso de esto hablaremos más adelante. Por el momento, ahora tomamos nota de que nuestro país ha jugado un papel positivo durante el siglo XX –Catalunya adentro y Catalunya hacia afuera- gracias a muchas cosas, pero todas ellas potenciadas y proyectadas por una conciencia, una voluntad y uno proyecto colectivos. Y esto ha sido el catalanismo.


© 2012 Centre d'Estudis Jordi Pujol | RSS | Información legal | Contacto
Passeig de Gràcia, 88 - 1o 2a - 08008 Barcelona - Teléfono: 933 428 535 - Fax: 933 428 964 - E-mail: info@jordipujol.cat