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El diálogo como valor

Centre d'Estudis Jordi Pujol
Artículo / 28 de Marzo de 2006

El diálogo es una conversación entre dos o más personas, mediante la cual se intercambian información y se comunican pensamientos, sentimientos y deseos. Sus características son; en primer lugar, que las personas que hablan reciben el nombre de interlocutores; y en segundo lugar, que el diálogo suele ser muy expresivo, puesto que intervienen los gestos, la entonación y la actitud.



Además el buen diálogo suele ser espontáneo, y se utilizan frases cortas que puedan hacer los mensajes más entendedores.
Del mismo modo, un buen diálogo respeta a quien habla, utiliza siempre un tono adecuado, no hablan todos a la vez, se debe saber escuchar antes de responder, se debe pensar en lo que dicen los otros y, sobre todo, admitir las opiniones ajenas. También requiere de una cierta empatía, ponerse en el lugar del otro. Podríamos decir que no es la solución de los problemas, sino el camino que la puede hacer posible. En cualquier problemática el diálogo es el paso previo a la negociación. Hasta aquí todo lo que hemos dicho es, como se suele decir, de manual.
El diálogo ha sido y es el adelanto de la negociación y el posterior entendimiento. Como valor lo encontramos en los diferentes ámbitos y niveles de crisis. Es útil en la esfera privada, en la convivencia más próxima y en las relaciones políticas cuando los conflictos graves se originan entre los pueblos y naciones. Y quizás sea en este último campo, el de la política, donde el diálogo parece más difícil de aceptar y más complicado de aplicar a la práctica. La ideología y la dialéctica traen a menudo a alargar los estados de crisis y enfrentamiento. El discurso político que las situaciones de conflicto dibujan es muy fácil de arraigar y extremadamente difícil de cambiarlo. No hablamos ya de posiciones políticas el mantenimiento de las cuales presuponen réditos electorales inmediatos o fáciles. Sin embargo, la realidad histórica y la fotografía mundial de las crisis solucionadas o en vías de solución nos señalan la fuerza del diálogo y los rendimientos de todo tipos que este comporta en el futuro inmediato de los pueblos y de los hombres. Los ejemplos no son pocos: Irlanda, Palestina,  etc.
Desde la semana pasada el valor del diálogo se ha impuesto en Euskadi. Hará falta tener muy presente todas y cada una de las características del manual. Nos jugamos demasiado.

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