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Muchos de los tópicos hoy vigentes en nuestra sociedad se engendraron en mayo del 68. Pero, aquellos tiempos ahora se han convertido en una simple ideología estética y nostálgica. La realidad actual requiere de otras soluciones que empiezan por desmontar estas creencias una a una.
Igualdad. Solidaridad. Sostenibilidad. No discriminación. Mestizaje. Paridad de sexos. Apertura. Laicismo. Paz. Diálogo. Todos los extremos son malos. La policía es represora. Sólo sabemos que no sabemos nada. El nacionalismo se cura viajando. La idea del comunismo era buena. Papeles para todo el mundo. Multiculturalidad. Mi casa es tu casa. Especulación. Muera el capital. Prohibido prohibir. Sí, es cierto que muchos de los tópicos hoy vigentes que conforman la denominada “corrección política” tienen una raíz directa con los que se engendraron en mayo del 68. Verdaderos cócteles e ideas y de actitudes que dieron fuerza moral entonces. La observación es importante porque de aquella movida generacional provienen muchos de nuestros actuales dirigentes políticos, y porque estos principios han conseguido hacer escuela en nuestra sociedad. De forma que incluso se identifica la defensa de estos valores con el voto a los partidos denominados “de izquierda”, conformándose así un tipo de voto puramente estético. Incluso nostálgico, añadiría yo. Una línea de pensamiento que se da bofetadas con la realidad cuando le toca ejercer el poder, puesto que desde el gobierno y la autoridad es imposible cumplir con “el prohibido prohibir” ni con el “papeles para todo el mundo”. Tampoco se puede continuar hablando despectivamente de los “poderosos” cuando quien ostenta el poder es uno mismo. Pero, a pesar de todo, la potencialidad estética de dicha actitud (e incluso la conciencia de grupo que genera) se mantiene inmutable. El ademán distendido, aparentemente desenfadado pero profundamente transgresor, conserva una gran energía. El único antídoto posible, pues, consiste en tratar de desmontar los tópicos de uno en uno.
La igualdad es injusta pero sobre todo es aburrida. No hay solidaridad sin riqueza. Todavía esperamos que nos digan qué es la nueva “cultura del agua”. Haría falta discriminar entre discriminaciones. La mujer es mucho más que una cuota. Abrámonos, pero que no nos abran. Si el Estado es laico, ¿hace falta que lo sean las personas? ¿La paz es sólo la ausencia de guerra? Para que haya diálogo hace falta que todos tengan voz. Podría seguir mucho rato, pero no se trata tanto de crear tópicos alternativos sino de plantear interrogantes demoledores: derribar muros a llenos de signos d’interrogació. Ninguna de las respuestas que he escrito es una conclusión, sino una invitación a reflexionar. Y puestos a hacernos preguntas, siempre me he preguntado qué pensaría Jaume Sisa si un día me plantara a mirar la tele en el salón de su casa . Por suerte, siempre tendré la opción de llamar a la policía.
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