Europa ha logrado desde mediados del siglo pasado unas cuotas de libertad, prosperidad, paz y seguridad como no las había conocido en toda su historia. Si no fuera por el terrorismo y por algunos conflictos puntuales –Bosnia, Chechenia, Kosovo– se podría afirmar que habríamos llegado a un punto casi ideal de la evolución política. Pero el futuro está lleno de amenazas que preocupan a los ciudadanos y ciudadanas europeos que contemplan, entre perplejos, asombrados e irritados, fenómenos hasta hace bien poco inexistentes o irrelevantes. La globalización, la inmigración en masa y el choque cultural que la acompaña, el terrorismo indiscriminado y significativamente brutal, la sensación de retroceso en los adelantos sociales y la clara aparición de nuevos poderes económicos y políticos mundiales que nos afectan cada vez más en nuestras vidas, están golpenado con fuerza nuestras seguridades que considerábamos arraigadas e irreversibles. En este contexto hace falta impulsar toda clase de debates, propuestas y reflexiones que ayuden a nuestras sociedades, en cualquier campo del pensamiento y de la acción social, económica y política para hacer frente a todas estas amenazas sin perder nuestras identidades, la democracia, no solamente como sistema político sino también como forma de vida, y nuestro ideal de una sociedad más justa en qué todos podamos participar plenamente como ciudadanos y ciudadanas. Este trabajo quiere ser una modesta pero sentida aportación a esta gran tarea de reflexión y de acción para garantizar la continuidad y el desarrollo del modelo europeo de bienestar social. El autor ha escogido el modelo sueco y el modelo danés, que es objeto de otro trabajo, por su conocimiento directo de estos países y por la tarea que desarrollaba entonces, la de consejero de Trabajo y de Asuntos Sociales de las embajadas correspondientes.