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La Medicina no habría ido adelante sin generaciones enteras de anatomistas que disecaron el cuerpo humano, que desentrañaron la estructura hasta el último lóbulo cerebral y la arteria más pequeña. Ni sin las contribuciones de los fisiólogos que estudiaron el funcionamiento del riñón y el fenómeno de la ósmosis. Pero todo esto, del todo necesario, no habría sido útil sin los farmacólogos y químicos que descubrieron nuevos medicamentos, sin los cirujanos que aplicaron nuevas técnicas operatorias, sin los internistas que día tras día tienen que asumir el riesgo de diagnosticar y curar.
Esto se puede aplicar a todo. En todas las disciplinas, de hecho en la vida en general. Hay gente que diseca, que describe. Y hay gente que propone y que empuja. Unos y otras son necesarios. No se puede actuar eficazmente sin conocer bien y a fondo la realidad sobre la que se actúa.
Pero hace falta que haya una proporción adecuada entre unos y otros. Si hay muchos disecadores, analistas y descriptores, y pocos dedicados a actuar sobre la realidad, por bien explicada que esté, no habrá progreso.
Siguiendo con el ejemplo médico, si hay muchos anatomista s y muy pocos cirujanos o médicos internistas, el estado de salud del país no avanza. Si hay muchos cirujanos ignorantes de la anatomía del cuerpo humano habrá desgracias y más desgracias. Hace falta que haya anatomistas, que haya médicos disecadores. En los dos casos el desequilibrio será malo para la salud del conjunto del país.
¿A qué viene esta referencia a anatomistas e internistas? ¿Qué sentido tiene? Tiene el sentido de que a nuestra sociedad aquel equilibrio que debe haber entre analistas e impulsores, en muchos campos de actividad peligra.
Hablábamos hace unas semanas que en casa (y también en algunos países europeos) entre los jóvenes hay una crisis de vocaciones científicotécnicas (editorial del 5 de septiembre). Decíamos que se ha producido un fuerte desequilibrio entre el número de estudiantes de Ingeniería, Física, Química, Telecomunicaciones, Matemáticas..., que han ido a la baja y Sociología, Psicología, Periodismo, lo que se dice Ciencias Sociales en general, y también las Ciencias Medioambientales. Estos segundos han ido mucho al alza. Es decir, hay mucha más tendencia a disecar y a analizar que a crear y a impulsar. Y esto no es buena señal. No lo es porque demasiado a menudo cuando se pregunta a chicas y chicos por qué no se decantan más por carreras científico-técnicas dicen, o se les nota que piensan, que son demasiado difíciles. Pero también juega el hecho que los estudios del área social tienen más prestigio y son más bien considerados que los del área productiva, cuando menos en los medios de comunicación y en el ambiente general. Hay en muchos ambientes como un punto de superioridad moral.
Y quizás no lo dicen ni se dan cuenta, pero puede que piensen que tienen más carga de responsabilidad, que las carreras científico-técnicas comportan más riesgo (aun cuando esto podría ser contradictorio con la supuesta idea de superioridad moral que antes decíamos).
Sobre todo esto nuestra sociedad en general debe reflexionar y tener las ideas claras. Y después, según cómo, tomar iniciativas. En todo caso ahora ya parece claro que si la tendencia actual se mantiene de aquí a unos años nuestra actividad económica se resentirá mucho.
Una diferencia entre la actitud del estudioso de la sociedad, o también del profesor de filosofía, y el profesional técnico –y por cierto, también del político o del sindicalista- es que los segundos no se pueden limitar a describir una situación, sino que deben tomar decisiones. A veces dudosas, poco claras, y muy a menudo urgentes. El anatomista puede decir con voz clara una cosa “mañana me lo volveré a mirar”. El pediatra a menudo no tiene este margen. El sociólogo puede decir “esto lo seguiré estudiando” y el químico –y también el político- deben tomar una decisión, a menudo inmediata.
Todavía hay otra diferencia. Los analistas no necesariamente debe hacer propuestas. Su trabajo se puede acabar en la descripción. Debe describir, y describir bien, la realidad. Y esto –una buena descripción de la realidad, del estado de las cosas- es básico para una buena actuación posterior. Pero no está obligado a tomar decisiones. El médico, el técnico, y también el político, sí.
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Podría entender que estos comentarios sean criticados. Lo celebraría. De hecho tienen una cierta intención provocadora. Sería bueno que ayudaran a provocar una discusión fructífera sobre un tema importante para nuestra sociedad.