Calendario de actividades

Actividades de Jordi Pujol
Actividades de la Fundación
Actividades recomendadas

Próximas actividades

Participa
Suscríbete
Boletines

Privacidad

Colabora

Más Europa

Jordi Pujol
Editorial / 01 de Febrero de 2012

Ya hemos dicho alguna vez desde estos editoriales que si bien la crisis europea actual es grave y peligrosa, también puede tener consecuencias positivas. Existe el peligro, por ejemplo, de que el euro y la unión económica y monetaria queden muy menoscabados. Y que Europa pierda mucho peso económico y político en el mundo. Y eso supondría una pérdida de riqueza y de bienestar. Pero también puede suceder que la crisis haga posible, y obligue, a hacer una gran salto hacia más integración y más unidad. Y, finalmente, más fuerza y más capacidad de influencia, pero también una renovada capacidad de crecimiento.



Es eso lo que recientemente ha dicho la Sra. Merkel: «Tan solo saldremos adelante con más Europa». O bien que lo que es necesario es «la Unión Política». O bien que «debemos estar dispuestos a ceder gradualmente más competencias a Europa». O bien que «el Tribunal de Justicia de la Unión Europea debe tener la obligación de controlar los presupuestos de los estados».

Todo eso, si se hiciera, representaría un cambio muy importante. Que probablemente no podría llegar a convertir Europa en una especie de Estados Unidos al estilo norteamericano. Porque Europa es demasiado variada, y lo es desde hace mil años o más. Y eso también ha tenido muchos aspectos positivos. Muchos. Y los tiene. Pero Europa, la Unión Europea, podría llegar a tener una consistencia que incrementaría mucho su eficacia en dos aspectos: el de su progreso económico y social y el de influenciar en el mundo. A los que siempre hemos soñado con una Europa Unida esa perspectiva nos alegra.


Eso Europa lo tiene que poder hacer –y lo puede hacer– preservando dos aspectos suyos básicos. El primero –que ya hemos citado– es el de las identidades nacionales, que perderán soberanía pero sin riesgo para su personalidad colectiva. Es decir, los estonios y los holandeses quieren ser muy europeos, pero lo quieren ser siendo estonios y holandeses. Como los catalanes queremos ser catalanes. Y más Europa en principio no lo impide. El problema lo tenemos y lo tendremos en España. El segundo es que es necesario mantener el estado del bienestar, que es un hecho distintivo europeo de la más alta calidad social y humana. Referente positivo para todo el mundo. Un orgullo para Europa. Y que podemos mantener si se ajusta bien. Tampoco en eso más Europa significa un peligro. Todo lo contrario, porque justamente garantizar el estado del bienestar pasa por más disciplina. Como ya han demostrado los países del Norte de Europa. 

 

                                                _______________________


Pero no se puede llegar a ello tan solo por procedimientos administrativos. O a través de acuerdos técnicos. Es preciso que tanto a nivel de mentalidad social como de práctica política se logre un equilibrio entre la pérdida de soberanía, que sin duda se producirá, y el respeto de lo que ha significado y significa la diversidad europea.

Seguro que habrá algunos países que tendrán más peso que el resto –y conviene que así sea porque siempre existe la necesidad de liderazgo– pero habrá que saber encontrar, como decíamos, una forma equilibrada de repartirlo. Un grupo de economistas alemanes decían a propósito del eje franco-alemán que la consigna tenía que ser «führen, nicht herrschen», es decir, dirigir o conducir pero no mandar de forma absoluta. Eso obliga al núcleo duro y más fuerte de Europa a un esfuerzo de equilibrio y a tener conciencia de la responsabilidad que tienen con respecto a todos los países europeos. 

También obliga a los países menos desarrollados a realizar un ejercicio de disciplina y un esfuerzo de superación de faltas propias, a menudo muy instaladas en sus sociedades. Sea como fuere, debemos evitar aquella idea muy española –y de otros países del sur– de que «la solidaridad sólo se paga con los bienes ajenos». Eso es lo que radicalmente rechazan Alemania y otros países del norte, y también Francia. Y tiene razón. Pero, a parte de tener razón, ocurre que con esa mentalidad astuta no se podría construir una Europa fuerte.


                                       ___________________________

 

Todo eso se juega a nivel de los estados. Pero tiene una repercusión a todos los niveles. Y, por lo tanto, también afecta a Cataluña y su autogobierno. Si los estados se tienen que someter a una disciplina presupuestaria más fuerte respecto a Europa, lógicamente serán muy exigentes con el cumplimiento de las normas internas de cada estado. Si no hay disciplina interna no podrán responder ante Bruselas. Eso ya está ocurriendo. Con el argumento de que se tiene que ceñir a las normas de Bruselas, Madrid ya está imponiendo más disciplina interna. Eso tiene y tendrá repercusiones sobre Cataluña. Y sobre todas las autonomías y sobre los ayuntamientos. Sucederá en toda Europa.

No sería algo negativo para Cataluña si el sistema español de financiación autonómica fuera equitativo. Si fuera justo con Cataluña. En cambio, seguiría siendo asfixiante si se mantuviera el 8% de déficit fiscal catalán. O sea, que el incremento de disciplina, desde Bruselas hasta el último ayuntamiento, obliga a un esfuerzo de equidad general. Y da más fuerza y más urgencia a la reclamación de un pacto fiscal equilibrado entre el Estado español y Cataluña. 

 


© 2012 Centre d'Estudis Jordi Pujol | RSS | Información legal | Contacto
Passeig de Gràcia, 88 - 1o 2a - 08008 Barcelona - Teléfono: 933 428 535 - Fax: 933 428 964 - E-mail: info@jordipujol.cat