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Hace poco estuvo en Barcelona el presidente del Parlamento Europeo, el señor Martin Schulz. Que explicó ante un gran auditorio –entre muchas otras cosas interesantes– que China quiere comprar el puerto del Pireo. Es decir, el puerto griego más importante.
De hecho, no se trataría de comprar físicamente el territorio, pero sí todas sus instalaciones, o una gran parte de ellas. Y convertirlo en el gran puerto de comercio chino con Europa.
¿Por qué China tiene tal interés? Porque el comercio chino con Europa es ya muy importante, y lo será aún más en el futuro. Pero cabe decir que no sólo el chino. De hecho, todo el asiático. Y un porcentaje muy alto de este comercio se hará por mar, por el canal de Suez y por el Mediterráneo. La Historia y la Geografía a veces nos dan sorpresas. El Mediterráneo, que muchos consideraban poco importante y arrinconado primero por el Atlántico y después por el Pacífico, ahora reaparece con fuerza por motivos políticos e ideológicos –todo lo que ocurre en el norte de África–, pero también económicos y comerciales. El caso es que China quiere tener una base sólida en el Mediterráneo. Quiere disponer de un puerto importante que le pueda servir de puerta de entrada a Europa, y en el que tenga suficiente peso como para que sus intereses queden más que cubiertos.
Es una decisión inteligente, propia de un país que planifica bien, que sabe priorizar sus necesidades y actuar con decisión.
Bajo nuestra opinión el Pireo no es, sin embargo, la mejor opción mediterránea para China. A no ser que desde el Pireo quieran repercutir sobre la parte más oriental de Europa, y especialmente los Balcanes. Que es la zona menos dinámica de Europa. Porque el Pireo queda lejos y está muy mal comunicado con el área económicamente potente de Europa. En ese sentido, los buenos puertos son los del Mediterráneo Occidental: Génova, Marsella, Barcelona, Tarragona y Valencia. (Aunque los chinos suelen saber lo que hacen.)
En teoría, ahora, el más idóneo podría ser Marsella. Por una razón: porque es el único que ofrece un buen transporte ferroviario de mercancías con la Europa más productiva. No es el caso de Génova, y no lo será mientras Italia no enlace bien con Francia o con Alemania a través de Suiza. Y parece que eso va para largo.
Podrían serlo, y de forma muy rápida, Barcelona y Tarragona. A pesar de la lentitud de las obras del tramo entre Barcelona y Figueres, muy probablemente durante el año 2013 el AVE podrá ir de Barcelona a Francia, y enlazar con la red europea del TGV. Para pasajeros, pero mucho más importante también para mercancías.
Pero eso requiere que el AVE conecte bien con los puertos de Barcelona y Tarragona (y con el tiempo el de Valencia cuando el Estado español decida acabar con la anomalía de un AVE que termina en Castellón). Esa conexión es poco costosa (mucho menos que otras obras que el Estado está realizando) y mucho más productiva. Mucho más. Si España realmente cree, como explica cada dos por tres el Gobierno del Estado, que para salir de la crisis hay que reforzar la proyección económica del país hacia Europa, y en general hacia el mundo, esa debería ser una inversión prioritaria.
La Ford ya hace tiempo que reclama que el AVE enlace Valencia con Francia. Y de hecho los chinos también. Hace tiempo que han tomado posiciones en el puerto de Barcelona. Tienen fama de ser gente paciente, y de momento se están esperando a que el puerto de Barcelona enlace con el AVE y la red europea para mercancías. Esperemos que no se cansen. Y que no ocurra que, si un día deciden no apostar por Barcelona, entonces el Estado español realizara las obras que si ahora estuvieran terminadas significarían un gran beneficio para la economía de nuestra fachada mediterránea y de todo el Estado.
Hasta aquí la explicación de unos hechos. Difíciles de explicar, porque no tienen lógica, ¿Cuál es la lógica real de esta decisión tan contraria a la lógica económica y en general al interés del país? ¿Qué prejuicio político hace que se tomen decisiones tan negativas pera el interés general? Sería escandaloso que la explicación fuera que España realmente quiere frenar el desarrollo de Cataluña aunque eso le perjudique. Sería escandaloso, pero no sorprendente. En cualquier caso, es preciso preguntarse qué concepto de España hay detrás de una actuación como esta. Podría ser un concepto de España en el que Cataluña no tiene lugar.