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Este editorial podría tener otro título, por ejemplo, El desprestigio de la política, o de los políticos. Y me permito recomendar -y pido perdón por la autopropaganda- la lectura de una conferencia mía del año 2002 titulada >Defensa y elogio de la política. Grandeza y miseria de la política.
¿La mala fama que tiene la política (y que tienen los políticos) está justificada?
Como estoy fuera de la política (y ya hace tres años) y no tengo que esperar nada, ni tengo que pedirle nada, ni tengo que complacer a nadie, puedo hablar de eso con libertad de espíritu. Y quizás así ayudar a superar el divorcio grande que hay entre mucha gente y la clase política.
Empezamos hoy por dos cosas a favor de la política y de los políticos (también a favor de los políticos catalanes). La primera es que la política es del todo necesaria (y los políticos, del todo necesarios). Porque es el ámbito donde se cogen determinadas decisiones que sólo pueden tomarse a nivel político, o al menos muy principalmente a nivel político. La sociedad civil es determinante para la salud y el progreso de un país, pero hay decisiones que no puede tomar. En primer lugar porque no dispone de los instrumentos para hacerlo, y en segundo lugar porque no está tan obligada a actuar en términos de interés general, porque es el lugar donde actúan los intereses contrapuestos, legítimos o no, de los diversos sectores de la sociedad. Tiene que haber alguien que decida, y que lo haga pensando en el interés general. Y éste alguien son los políticos, que no lo pueden hacer bien o mal, con equidad o no, pero son los responsables de hacerlo. Es su función. Una función imprescindible para el progreso y el funcionamiento de un país. A veces la crítica contra la política llega al punto de decir: "Ojalá no hubiera ni política ni políticos." El país donde sucediera esto estaría condenado al inmovilismo o al desbarajuste. Y a la decadencia.
Segundo punto. ¿Los políticos, están siempre a la altura de esta responsabilidad tan grande? Seguro que no. ¿Y a Cataluña? Seguro que tampoco. Pero hago a la gente, a los ciudadanos, a todos los que critican duramente a los políticos, una pregunta. ¿Durante los últimos 30 años, Cataluña ha progresado, sí o no? ¿La vida y la situación de los ciudadanos en general ha mejorado, sí o no? ¿Poco o mucho? ¿Ha mejorado el nivel de vida? ¿Y las condiciones de vida?
Ya sé que hay problemas, y muchos, pero ¿alguien querría volver a la situación de hace 30 años?
¿Eso de quien es mérito? En buena parte, de la sociedad, del conjunto de la sociedad. De la evolución de la mentalidad social. También de la coyuntura. Del tiempo político y económico que nos ha tocado vivir en el conjunto de Europa. Y debemos mucho a la integración en Europa. Pero sin política y sin políticos (los catalanes y los de toda España) todo eso o no se habría podido aprovechar o se habría aprovechado mucho menos de lo que se ha hecho. Lo ha hecho todo el mundo, y sin la madurez de mucha gente la transición política habría fracasado. Pero los políticos la han pilotado. Han tomado decisiones y han conducido la política, la economía y, en último término, la sociedad de una manera en conjunto positiva.
También se suele decir que los políticos no se preocupan de aquello que interesa a la gente. Eso no es verdad. Si lo fuera no hubiera habido el progreso que ha habido. Y no me refiero al progreso estadístico (evolución del PIB, el producto interior bruto, por ejemplo) sino a progresos concretos, muy vinculados a la gente, a las personas. Detrás de cada hospital nuevo, o de cada trazo de carretera, o de cada nuevo regadío, o de cada nueva universidad, o de cada depuradora, o de cada centro para disminuidos psíquicos puede haber una aportación y esfuerzo privados -a veces muy importante, a veces poco, a veces nada-, pero siempre hay una decisión y una acción políticas.
Desde la perspectiva, cómo decía al principio, muy independiente, muy alejada de la política, muy poco necesitada de aplauso, me permito decir todo eso y pedir a la gente que reflexione. Porque la crítica sistemática de la política es nociva para la sociedad.
¿De todos modos -si eso fuera así-, por qué esta animosidad contra la política y contra los políticos? Un sentimiento tan general tiene que tener una explicación. Si la sabemos dar quizás podremos entender mejor el mecanismo y encontrar -políticos y no políticos- una manera mejor de entender la realidad y de hacer las cosas. Y de respetarse mutuamente.
Es lo que haremos en el editorial próximo.