logotipo del Centre d'Estudis Jordi Pujol

Centre d'Estudis Jordi Pujol

http://www.jordipujol.cat

 

 
a la home del Centre d'Estudis Jordi Pujol
perfil de Jordi Pujol
Català  |  Castellano  |  English     
Tamaño del texto: A+  A-    
perfil de Jordi Pujol
 
    jordi pujolcentre d'estudis jordi pujol
   
     

Inicio > Jordi Pujol > Artículos > “La Autonomía por arrastre”

“La Autonomía por arrastre”

Jordi Pujol
Editorial / 20 de Febrero de 2007

El año 1996, Jaime García Añoveros, profesor de Economía muy prestigioso que había sido ministro con el presidente Suárez, nacido en Navarra pero radicado hacía muchos años a Sevilla y, de hecho, a efectos prácticos, un político muy andaluz -y buen amigo de Catalunya- escribió que en España la configuración del Estado de las autonomías se había hecho y se sería hecho en el futuro miedo arrastre. Es decir, que había comunidades autónomas porque Cataluña había pedido y obtenido un Estatuto de autonomía y que, en el futuro, la estructura autonómica podía ser que se fuera desarrollando, pero que sería por iniciativa catalana y que arrastraría a todas las otras (con el caso aparte de Euskadi).



Y así ha sido. También muy recientemente con el Estatuto valenciano, y ahora mismo con el andaluz, que se aprobó anteayer por referéndum. Aunque con una participación muy baja.

No entraré a analizar a fondo las causas de esta abstención tan alta. Sorprendentemente alta si se tiene en cuenta que -contrariamente a lo que pasó en Cataluña, y que forzosamente tenía que tener un cierto efecto desmobilizador- en Andalucía el Estatuto fue negociado y aprobado con el apoyo claro y rotundo de prácticamente todas las fuerzas políticas andaluzas. Tampoco me meteré a opinar a fondo sobre la política territorial del Gobierno del presidente Rodríguez Zapatero, desde el tema de ETA de Euskadi hasta su actuación con respecto a Cataluña, o la explosión de reformas estatutarias que se han producido. Es evidente que, al menos, vistas las cosas desde Cataluña, el juicio no sería bueno, pero por lo que vemos desde Andalucía, no sería entusiasta. Todo ha sido demasiado acondicionado por el tacticismo. Y con frivolidad.

Cuando durante los últimos dos o tres años se ha preguntado a algunas comunidades autónomas españolas que, a raíz de la discusión del Estatuto catalán han reclamado también un nuevo Estatuto, qué querían, qué competencias, qué simbología, qué sistema de financiación, la respuesta ha sido siempre: "No menos que ellos", o bien simplemente: "No discriminación". Incluso el Estatuto valenciano tiene una cláusula que dice que el País Valencià podrá obtener cualquier competencia que ellos no tengan y que alguna comunidad autónoma haya obtenido. Y todo el mundo sabe que eso se hace pensando en Cataluña. Eso es un freno constante para Cataluña. Y una excelente excusa para negarle peticiones de todo tipo referentes a nuestra autonomía. Peticiones que muy a menudo no son propiamente mejoras, sino simplemente peticiones de más responsabilidad y de más capacidad de iniciativa. Que, de entrada, muy a menudo las restantes comunidades autónomas no quieren. Para no querer, algunas no querían ni la sanidad, ni la enseñanza, ni naturalmente las prisiones. Ni la corresponsabilidad fiscal. Ni la policía. Ni inicialmente la proyección exterior. Y así uno largo etcétera.

Ahora mismo, sin la reclamación catalana de nuevo Estatuto nadie movía un dedo. Después las peticiones han venido en fila, y todas bajo el lema de "lo mismo que ellos". Y se ha creado un gran revuelo en toda España a caballo entre la confrontación PSOE-PP y, con respecto a Cataluña, de un estado de ánimo hostil contra nosotros. Por desgracia, el temor a que el momento y la manera de plantear el nuevo Estatuto catalán crearía grandes tensiones se ha confirmado, y también la predicción que, contrariamente a lo que decía gente muy relevante del tripartito catalán, el nuevo Estatuto no llevaría a un federalismo asimétrico, sino a un -digamos- federalismo más simétrico que nunca.

Eso siempre ha sido así. Ya lo fue con la Mancomunidad. Hoy es oportuno recordar que el año 1919, el Manifiesto de Córdoba reclamaba "una soberanía de igual intensidad que la solicitada por la Mancomunidad catalana". Y otro ejemplo de esto es la recomendación que hizo José Calvo Sotelo hacia finales de la dictadura de Primo de Rivera para que una "representación de las fuerzas vivas" del País Valencià pidiera la creación de la Mancomunidad valenciana. Y lo justificaba diciendo que "la actitud hiriente del hecho diferencial catalán, considerada por vía administrativa en su Mancomunidad, se debilitaría de modo poderoso cuando en vez de constituir una excepción sentase jurisprudencia convirtiéndose en regla nacional por  doquier vivida". El caso es que, como en Andalucía, en el País Valenciano la petición de una Mancomunidad no había sido objeto de una reivindicación consistente.

En todo caso lo que de todo eso tenemos que concluir es que Cataluña no se tiene que fijar para su desarrollo autonómico en la idea que de la autonomía tienen las otras comunidades autónomas. Si lo hubiéramos hecho, cómo antes decía, no tendríamos ni corresponsabilidad fiscal -con la mejora importante de financiación que ha representado de 1993 hasta ahora-, ni policía, ni control de carreteras, ni competencias penitenciarias, ni herramientas de proyección exterior, ni Corporación de Radio y Televisión, etc. Y tendríamos una TV3 de pizarrín, como quería el Gobierno central -del PSOE- el año 1983, con la excusa que si nos daban una buena TV la tenían que dar a todo el mundo. Por lo tanto, tenemos que fijar lo que nosotros queremos ser y lo que necesitamos para sacar adelante nuestro proyecto de país y de sociedad. Y tenemos que actuar de acuerdo con nuestra vocación de autogobierno, que no coincide con la de muchas comunidades autónomas españolas. Es más ambiciosa porque responde a un hecho diferencial que respone y se afirma a través del autogobierno.

A caballo nuestro, y siguiendo el camino iniciado por Cataluña, hay comunidades autónomas que después han pedido y obtenido lo que nunca habían pensado pedir. Eso es un freno para Cataluña, pero con freno o sin nosotros tenemos que actuar con criterios propios. Y tener voluntad de defenderlos aquí y en Madrid.