Actividades de Jordi Pujol
Actividades propias
Actividades recomendadas
Próximas actividades
17 de febrero de 2012
Jordi Pujol participa en una cena tertúlia con miembros de la Jove Cambra Internacional de Tarragona
17 de febrero de 2012
21 de febrero de 2012
Jordi Pujol pronuncia la conferencia «Cuando se rompen los puentes», en Arenys de Mar
23 de febrero de 2012
Se pone a la venta en librerías el tercer y último volumen de las Memorias de Jordi Pujol
En lugar de un texto nuevo, de ahora mismo, la editorial de hoy será un artículo de octubre de 1964. Un artículo entonces clandestino, que formaba parte de un proyecto de creación de un pensamiento catalanista renovado.
El artículo es el siguiente:
El problema de Cataluña está planteado a estas alturas de tres maneras diferentes.
Hay un sector que se enfrenta con un criterio nacionalista clásico, que en nuestro caso tiene, sobre todo, una base cultural, lingüística y de mentalidad.
Hay otro sector por el cual la cuestión básica es la que normalmente suele nombrarse problema social. Lo que hace falta es dar a Catalunya unas estructuras sociales y económicas justas. El resto vendrá por él mismo.
Finalmente, hay un tercer sector por el cual lo fundamental es dotar a Catalunya de fuerza económica. Si su economía es fuerte Catalunya tendrá peso político y el problema catalán se resolverá en buena parte como consecuencia de este peso político y económico.
Son tres planteamientos parciales, y como tales tienen dos grandes defectos: que quedan demasiadas cosas fuera (y cosas importantes), y que la parte que toman en consideración tiende a comerse el todo, tiende a desplazar lo fundamental, el hecho central y básico, lo único realmente válido y lo único que puede justificar nuestro movimiento nacional, que es el hombre catalán y la necesidad que este hombre tiene, de disponer de una comunidad.
Ninguno de los puntos centrales de cada uno de estos planteamientos puede faltar en un país. Si acaso, se podría prescindir de la riqueza, y también sería mejor no tener que hacerlo, al menos a partir de un cierto punto. Pero los otros dos componentes son del todo necesarios e inseparables.
Por lo tanto, hay que actuar sobre la base de un concepto total de Catalunya. Catalunya no es sólo un hecho de cultura y de conciencia colectiva, ni de justicia social ni de economía. Catalunya es todo eso. Y trabajar por Catalunya quiere decir trabajar por todo eso.
Hay cosas que hacen difícil esta visión. La inmigración plantea en este sentido algunos problemas, que en algunos aspectos no son en absoluto los más graves. Lo son más los motivados por la existencia de clases sociales diferentes. Pero también éstos son superados cada vez que se hace un planteamiento total. Y en último término tampoco hay que creer que un movimiento nacional tiene que incluir a la totalidad de los hombres de un país. Se podría dar el caso que en Catalunya unos ciertos sectores inmigrantes se negasen a formar parte de nuestra comunidad. Podría pasar también que la alta burguesía del país no aceptara las exigencias de justicia y, por lo tanto, los cambios estructurales, que el restablecimiento de Catalunya en tanto que pueblo comportaría. La alta burguesía irlandesa fue anglófila, incluso la católica, y Quebec no puede contar con buena parte de una ciudad tan importante como Montreal a causa de su anglofília.
De la misma manera que la independencia marroquí se consiguió a pesar de la obstrucción de los feudales bereberes, y la restauración de Israel a pesar de la de los sectores más religiosos del judaísmo y, también, de los marxistas.
Lo que hace falta es que un sector lo bastante representativo y con bastante fuerza y bastante decisión encarne lo esencial del hecho y del sentimiento comunitario. Que encarne, en nuestro caso concreto, la voluntad de hacer de Catalunya una auténtica y libre comunidad, es decir, un país no escindido, y económicamente y socialmente estructurado en la justicia.
Eso que decíamos hace cuarenta años llegó a cuajar de una manera lo bastante consistente para jugar un papel muy importante y positivo en Catalunya durante los últimos 40 años. Un papel decisivo.
Ahora Catalunya vive un momento crítico. Crítico no quiere decir que necesariamente el país tenga que ir mal. Que pierda peso económico, que pierda equilibrio y cohesión social, que pierda prestigio, que sea menos considerado, que se caiga en la mediocridad, que se difumine mucho su personalidad, su consistencia como país. Todo eso puede pasar. Pero se puede evitar.