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Últimamente se habla mucho del centro político. De que es bueno para uno país disponer de un centro político fuerte, de un partido político de centro fuerte. De que eso se echa de menos en España. Que parece muy difícil de que llegue a estar, y eso se considera que es negativo. Por lo tanto, se insiste que fuera bueno que alguien lo creara. Y también se observa con atención el buen resultado del candidato centrista -François Bayrou- en las elecciones presidenciales francesas y el intento que ahora hace de crear un partido centrista en Francia y en Europa. Que parece difícil de que salga bien. Y la pregunta que algunos se hacen es: ¿por qué todo eso?
Y también hay quien se pregunta por qué en España y en Francia eso es tan difícil y en cambio hay partidos centristas en otros países europeos.
Algunos hacen notar que en España sólo hay un centro político fuerte en Cataluña y en Euzkadi. Concretamente CiU y el PNB. ¿Por qué?
Es un tema digno de ser estudiado y profundizado. Pero ahora trataremos de darle una respuesta breve, pendiente de un análisis más a fondo. Centrado en dos puntos.
El primero es que la ley electoral española no ayuda al éxito, cuando menos relativo, de un partido centrista. Es una ley bastante equilibrada con respecto al juego de los dos grandes partidos. Hay un paralelismo bastante grande entre el volumen de votos y el número de diputados del PSOE y del PP. Ya no es tanto así con los pequeños partidos de ámbito español, por ejemplo, IU. Y todos los intentos de crear un partido centrista ex novo han fracasado en parte por esto mismo.
Pero no sólo por eso. También por la dificultad de crear un núcleo duro de electorado centrista.
El PSOE y el PP -y lo mismo vale en Francia para la UMP y el PSF- tienen un grueso muy considerable de afiliados, de votantes y en último término de gente que se identifica muy a fondo. Es propio de la derecha y de la izquierda en el sentido clásico y bien definido de la palabra. Son el núcleo duro, que no se mueve ni cambia. O que lo hace poco y muy difícilmente. Y la primera preocupación de éstos grandes partidos es que este núcleo se mantenga firme y fiel. Después puede pasar, y pasa a menudo, que la derecha o la izquierda formulan unas propuestas que permiten penetrar en el centro. Invaden y ocupan el centro. O, al contrario, acentúan tanto su posicionamiento de derecha o de izquierda que lo abandonan, lo dejan libre. Generalmente ocupar el centro facilita la victoria a la derecha o a la izquierda, pero no al centro propiamente dicho. ¿Por qué? Porque el centro no suele tener un núcleo duro. El electorado de centro puede hacer inclinar la balanza, y así es a menudo. Pero él solo muy a menudo no tiene la suficiente fuerza, y sobre todo no dispone del suficiente grueso de gente capaz de aguantar en los momentos difíciles. No está lo suficientemente blindado.