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Sociedad civil y sociedad política

Jordi Pujol
Editorial / 29 de Mayo de 2007

Hay una opinión y un estado de ánimo negativos con respecto a la política y a los políticos. Y a estas alturas especialmente en Catalunya. Porque el país se encuentra en una situación de desconcierto y de desorientación grandes. Y de desánimo. No en el terreno económico, donde las cosas van bien, aunque si no se toman ciertas medidas podemos tener problemas de aquí un par de años. Y en el país sigue habiendo iniciativas de todo tipo. Me remito al editorial del 2 de mayo titulado precisamente "Nuestro capital", que era una invitación a la confianza. Pero eso no quita que con respecto a la ilusión y a la ambición colectivas, y a la definición de un proyecto de país y a la autoestima por como han ido las cosas pasamos un momento crítico. Y que la crisis de confianza en la política y los políticos es honda.



En una circunstancia así es habitual decir "ya que los políticos no hacen lo suficiente bien su trabajo actuaremos desde la sociedad civil". Es una buena reacción. Y en Catalunya recientemente ha sido así. Ante el impasse político la sociedad civil en general, y en especial el mundo económico y empresarial convocaron el acto del IESE reclamando que el aeropuerto del Prat fuera gestionado desde Catalunya y con voluntad de hacer un instrumento potente de desarrollo de Barcelona y de toda Cataluña. El acto fue un éxito y recordó el acto que en primeros de siglo XX convocaron los sectores económicos catalanes para pedir la creación en Barcelona de la Zona Franca. Un acto que tuvo lugar en uno de los momentos brillantes de la economía y del empresariado catalanes.

El acto del 22 de marzo fue un éxito. ¿Pero qué continuidad tendrá? ¿Cuál es el paso siguiente? ¿Y este paso siguiente, quién lo tiene que hacer?

El mérito y el éxito de la concentración del 22 de marzo son indiscutibles. Pero ahora da la impresión que no ha previsto un paso siguiente. Y incluso se echó de menos que al final de la reunión no se hiciera público un comunicado más incisivo y más comprometido.

Y sin embargo, es del todo necesario que esta movilización civil continúe. Y eso requiere voluntad, definición de objetivos y liderazgo. Y tejer muchas complicidades. También con el mundo político.

 Los organizadores de la concentración del IESE quisieron que el acto se organizara y se hiciera del todo al margen del mundo político. Y efectivamente no hubo ni un político. Creo que hicieron bien. El tema político estaba lo suficientemente envuelto, y con unas elecciones a la vista. Y será bueno que la sociedad civil catalana siga teniendo iniciativas propias. Pero todos juntos no hemos de olvidar que todas las iniciativas que afectan a la sociedad tarde o temprano poco o mucho deben pasar por la política.
Un país sin sociedad civil no avanzará por más que tenga unos dirigentes políticos de calidad. O como mínimo tardará mucho. Deberá pasar un tiempo largo de creación –hecha desde lo alto, es decir, desde el poder político- de sociedad, de gente, de mecanismos sociales. Es lo que pretendió hacer el despotismo ilustrado del siglo XVIII o más recientemente países dirigidos con voluntad modernizadora y a menudo con mano de hierro. Y hay ejemplos que esto ha sido exitoso. Pero no es el caso de Catalunya, ni en general de los países occidentales. Aquí hay clase mediana, hay burguesía, hay clase obrera, hay élites intelectuales, hay tejido social. Muy y diverso. Y hay hábitos democráticos. Se debe contar con la gente, y afortunadamente hay gente. Hay sociedad. Y en Catalunya la hay. Se vio en IESE. Pero esto no quita que tal y como decíamos en el editorial del 21 de febrero “sin política un país no avanza”. No lo hace sin una sociedad civil fuerte y operativa, y con sentido del interés general, pero no avanza si además el país no tiene una buena política. Si no hay una buena sinergia entre sociedad civil y sociedad política. Y si no hay un liderazgo de los dos sectores.

¿Es suficiente esta sinergia en Catalunya? Probablemente no lo suficientemente.
Justo es decir que el mundo político a menudo no se fía de las iniciativas civiles. Esto ya se vio un poco con motivo del acto del IESE. La sociedad civil actuó al margen de la política, pero el mundo político –al menos una buena parte de él- se lo miró con recelo. Y ahora mismo acaba de producirse algo semejante en Italia, donde el Presidente del empresariatdo Montemezolo, ha hecho un discurso que ha tenido mucha repercusión –y una aprobación muy general- reclamando que el Gobierno actúe más en favor de la economía del país. No ha sido el clásico discurso de la patronal, sino mucho más incisivo. Mucho más de reto a los políticos. Y como decía el  aplauso ha sido general.


Pero la reacción del Presidente del Gobierno, Prodi, ha sido de aquello más fría. Hay como una clase de divorcio que no es bueno.
En Catalunya la crisis política es tan fuerte que se puede pensar que por el momento se puede prescindir de los políticos. O que se debe prescindir. Quizás sí que ahora mismo y hoy por hoy no es seguro que haya la necesaria reacción política. Es decir, que no haya propuestas políticas alentadoras, que no haya recuperación de liderazgo, que la pugna cotidiana haga de niebla gruesa. Peor todavía: puede pasar que se llegue a considerar que es bueno mantener el país políticamente adormilado. Esto será muy negativo, porque hace perder la ambición, la ilusión y las ganas.


Es urgente por lo tanto que esta situación de marasmo, de desinterés, de desorientación y de frustración se supere. También y sobre todo políticamente. Pero mientras tanto es bueno, muy bueno y muy necesario, que la sociedad tenga iniciativa. No de espaldas a la política sino buscando su complicidad.


La gente que tuvo tanto éxito con el acto del IESE, ¿que tiene previsto ahora?
Una última consideración. El catalanismo fue el gran motor de Catalunya del siglo XX. No sólo ni a veces principalmente el catalanismo político, pero siempre el catalanismo entendido como proyecto de país con identidad propia, con voluntad integradora de clases sociales y gente diversa, moderno y abierto a Europa y al Mundo.Capaz, incluso, de contribuir al progreso y la modernización de todo el Estado. La sociedad civil catalana, desde planteamientos políticos diversos, en general hizo suyo este planteamiento.


Y esto le dio consistencia y continuidad. Una consistencia y una continuidad que seguimos necesitando.


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