Jordi Pujol
Editorial / 18 de Abril de 2006
Ahora que tendremos el nuevo Estatuto es oportuno recordar la figura de Prat de la Riba. Recordarla y recuperarla porque parece que se haya perdido, o que no haya existido. Y en cambio la Catalunya de hoy no seria lo que es sin su obra intelectual, política e institucional. Y sin su manera de hacer.
Es oportuno recordar que todo y saber que la Mancomunidad era un
instrumento de gobierno muy modesto se propuso sacar todo el provecho
posible, y más. Y dignificarla. Hacer que fuera un auténtico gobierno
en muchos aspectos, y rodearla de prestigio, a fin de que los catalanes
la vieran con afecto y confianza, y con respeto. Es una lección a tener
en cuenta siempre, pero especialmente ahora.
Y
lo consiguió. Infundió a la gente la sensación de que se estaba
construyendo un país. De una manera ordenada, serena, y ambiciosa.
Contando con todo el mundo que quisiera participar en esta tarea. Lo
hizo creando instituciones: el Instituto d’Estudios Catalanes; la
Escuela de Administración Local; la Biblioteca de Catalunya; la Escuela
de Agricultura; la Escuela de Bibliotecas; la Escuela de Enfermeras; la
Escuela de Directores de Industria, y un largo etcétera.
Lo hizo
normalizando la lengua y atorgando a su defensa y proyección una
atención prioritaria. Lo hizo dando base doctrinal e intlectual al
catalanismo. Lo hizo haciendo de Catalunya la prioridad de su acción de
gobierno. Lo hizo introduciendo la idea d’exceléncia en muchas de sus
iniciativas y, por lo tanto, prestigiando el país. Lo hizo situando
Catalunya de lleno en el ámbito cultural y científico de Europa. Lo
hizo ganándose el respecto de todo el mundo, también de quienes en
muchas cosas no coincidían con él.
¿Por qué un personaje así
parece que no haya existido? En todo caso de su obra en buena parte
todavía vivimos. Pero iríamos mejor si su ejemplo de hombre de
gobierno, de generador de confianza y autoestima y de ordenador y
constructor de un país fueran más tenidos en cuenta.