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Con el Estatuto no será suficiente (2)

Jordi Pujol
Editorial / 08 de Febrero de 2006

Hace un par de meses escribí un artículo con este título en el Avui. Decía que incluso suponiendo que en una últim ainstancia se aprobara el Estatuto (entonces esto era muy dudoso) y que fuera bueno, incluso que fuera como el aprobado en el Parlament el 30 de septiembre de 2005, que incluso y aún suponiendo esto, con el Estatuto no sería suficiente para tirar el país hacia adelante con fuerza y eficacia.

Creo que lo que entonces decía todavía es más cierto ahora.



Damos por supuesto que el nuevo Estatuto será mejor que el actual. Tal y como ahora están las cosas es posible que así sea. Pero es seguro que no nos dará del todo el grado de poder político y administrativo que nos hace falta. Siempre hará falta aportar un suplemento superior a lo normal de iniciativa, de esfuerzo, de competencia y de ambición. Con esto ya contamos y muchas veces lo hemos hecho. Pero ahora se dan unas circunstancias particulares.

En Catalunya hay desconcierto. Ha habido una pérdida de imagen, tanto de Catalunya hacia adentro como hacia afuera. Se han hecho heridas. Y la relación con el resto de España está peor que nunca. Por otra parte parece que haya una falta de ambición. Y las ideas referentes a nuestra sociedad no parecen especialmente claras. Y en ciertos aspectos se ha instalado mucha frivolidad. Y como hace pocos días decía Enric Juliana en una de sus crónicas parece que en el ambiente domine la lamentación y la nostalgia. Y esto pese a que por el momento la situación económica es buena.

Al fin y al cabo lo digo  sin entrar en el ámbito propiamente político, porque no corresponde hacerlo en esta web.

¿Es realmente así? Justo es decir que lo que acabo de decir parece ser compartido por mucha gente, pero aún así puede no estarse  de acuerdo. Con todo sería imprudente y petulante rechazar del todo que el estado de ánimo no es lo suficiente bueno para afrontar los retos que tenemos. Retos de competitividad, de adaptación a nuevas tecnologías, de inmigración, de convivencia y de cohesión, de progreso social, etc. Y sería insensato ignorar también que además de buenos técnicos y buenos empresarios, y una buena fuerza de trabajo, y buenas universidades, etc., un país necesita un buen estado de ánimo y una actitud positiva. Necesita que domine el espíritu constructivo, un sentido fuerte del bien común, un sentimiento ilusionado y fértil. Que haya autoestima y confianza. Los países no avanzan sin esto. No van con malos sentimientos y envidia. No van si sufren crisis del interés general. O si domina aquello que hemos dicho la cultura del no.

En este sentido ahora en Catalunya no vamos bien. Y si no lo superamos, y por más que tengamos el Estatuto que deseamos, o lo más semejante posible, si esto no lo remontamos, no iremos bien.

Seamos conscientes de que si hay muchas cosas que no van bien, proyectos que no se tiran hacia adelante, posiciones que se pierden, muy a menudo no es culpa de tener un Estatuto más o menos bueno, o de una financiación insuficiente, sino de nosotros mismos. Pondré cuatro ejemplos, y por desgracia podría poner cuatrocientos.

1 . Si no se construye el cuarto cinturón del Vallès no es por falta de dinero (en los Presupuestos del Estado ha habido más de una vez cantidades asignadas) ni por mala voluntad del Ministerio, sino por la oposición de algunos Ayuntamientos, por la oposición radical de algunos grupos ecologistas, y ahora por desacuerdo interno del gobierno de la Generalitat. Nada de esto tiene nada que ver con el Estatuto.

2 . Si en un pueblo del Vallès dos empresas importantes acaban desistiendo de instalar fábricas que darían trabajo de calidad a centenares de personas es por la oposición política y mediambientalista que ha hecho el Ayuntamiento. Estas fábricas puede que nos las encontremos en Aragón, por ejemplo. O quien sabe dónde. En tiempo de amenaza de deslocalización esto es grave. Y no habrá sido culpa del Estatuto.

3 . Si los extranjeros que viven en Catalunya y que hacen el esfuerzo de aprender catalán se encuentran que cuando intentan hablarlo casi todo el mundo les habla en castellano y no valora ni agradece su esfuerzo –y hace que a menudo desistan- , esto no tiene nada a ver con el Estatuto.

4 . Si el aeropuerto de Barcelona –que es pieza clave de nuestra competitividad- perdió años por la dificultad de poner de acuerdo las Administraciones, los ecologistas, las urbanizaciones, los partidos políticos, etc., esto no fue culpa del Estatuto, fue culpa nuestra. Culpa, al fin y al cabo, de una mentalidad más bien obstruccionista, poco capaz de entender lo que es el interés general, muy orientada a la queja y a la protesta. Si no superamos esto, con el Estatuto no será suficiente.


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