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Cuando tras dejar la Presidencia de la Generalitat decidí que podía continuar haciendo un servicio a mi país fuera de la política estricta decidí hacerlo en el campo de lo que he dicho el IVA, es decir, las ideas, los valores y las actitudes. Y por esto creé la Fundació Centre d’Estudis Jordi Pujol. La declaración de intenciones de la Fundación la hice en una conferencia que di en ESADE el 14 de febrero de 2005. Partía y parto de la base que un país no va adelante sin ideas claras, valores sólidos y actitudes positivas. Y entre estas actitudes positivas figura el sentido de la responsabilidad, tanto individual como colectiva.
Transcribo unos párrafos de esta conferencia:
“La moral de la desvinculación, el encogimiento y el miedo ante los grandes problemas, la moral del no esfuerzo, la insinceridad, la renuncia a no preocuparse del futuro, el desaliento ante los grandes retos, todo esto ha conducido a una crisis del sentido de la responsabilidad, tanto personal como colectiva. Hay una crisis honda del concepto del bien común, hay una dificultad grande, como decía, para plantear temas cruciales de futuro. Sólo cuenta el presente. Hay una hipertrofia de reclamación de derechos y un rechazo, un pasar de puntillas con respecto a los deberes, es decir, a la contribución del interés general. Todo esto pone en peligro desde el estado del bienestar hasta el futuro de las nuevas generaciones o el papel de Europa en el mundo, porque justo es decir que muchos de los problemas que planteo no son exclusivamente catalanes sino que se dan a muchos países de Europa, a veces más incluso que en el nuestro”.
“Hace falta, por lo tanto, una pedagogía de la responsabilidad. Hace falta reforzar la moral de la responsabilidad, y hace falta combatir la moral de la desvinculación, es decir, del no sentirse vinculado a nada. No sentirse deudor de nada. No sentirse obligado a nada, excepto hacia un mismo”.
“Una sociedad con un sentido del bien común muy debilitado no puede ir bien. Sin esto se va creando una sociedad en constante protesta, insatisfecha, incluso la que vive en un marco de bienestar. Con más elementos materiales y más buen posicionamiento social que nunca. Que incluso tiene calidades bien positivas. Pero que ni las personas ni la misma sociedad sacarán un buen provecho”.
“Por lo tanto, si vale la pena que nos fijemos ahora algún objetivo es este, el de la sociedad responsable. Se habla de sociedad de bienestar, y está bien. De sociedad de progreso. También está bien. De sociedad lúdica. Bien, según cómo. De sociedad opulenta. También bien, según cómo, pero lo que realmente necesitamos es una sociedad responsable. La educación en la responsabilidad con todas sus consecuencias debe ser un objetivo muy importante de nuestra sociedad, desde la escuela a los medios de comunicación, desde el mundo intelectual al político. Y no lo hacemos”.
Como decía, esto –reclamar una pedagogía de la moral individual y colectiva –fue y es un objetivo muy importante del CEJP. Y me pregunto si quizás durante estos últimos tiempos no hemos insistido lo suficiente. Por eso es por lo que hoy vuelvo a hacerlo. Y también porque justamente ahora se produce un hecho importante de cara a esto, que es la introducción de la asignatura de educación para la ciudadanía.
Es sabido que hay una discusión sobre la oportunidad o no de una asignatura así. Es probable que en la intención primera del Gobierno hubiera un propósito poco o muy manipulador. Pero ahora parece que gran parte de todo dependerá de cómo sean los textos y de cómo los maestros los utilicen. La verdad es que algunos de los textos que he podido leer creo que son correctos. Pero dependerá mucho cómo los utilicen los maestros. Y esto será así en muchos puntos, también en este de la responsabilidad.
Venimos de unos años en qué se ha hablado mucho de los derechos y poco de los deberes. Que se ha hecho poco por la pedagogía del respeto. Que no se ha estimulado el esfuerzo. Que se ha considerado que las normas eran o innecesarias o permisivas. Y al fin y al cabo –pocos deberes, poco respeto, poco esfuerzo, poca normativa– ha conducido a una crisis del sentido de la responsabilidad. Y del sentido del bien común.
Cuando empezamos a hablar de todo esto nos preguntábamos: ¿quién debe educar en la responsabilidad? Y decíamos que todo el mundo quie tuviera capacidad de magisterio, desde los padres a los medios de comunicación. Y, obviamente, los profesores. No sólo a través de una asignatura, sinó a través de toda la docencia y a través, también, del contacto humano. Pero ahora la asignatura de ciudadanía ofrece un nuevo instrumento y obliga más. Ahora bien, repito, todo dependerá de la actitud de los docentes. Los libros de texto de la asignatura –excepto quizás alguno de ellos– permiten, por lo que he visto, una exposición positiva de la materia. En la línea de la responsabilidad, de la autoexigencia, del respeto a las cosas y de las personas. Pero esto requerirá que en conjunto los maestros y profesores se olviden de la mentalidad poco exigente y muy laxa que ha estado de moda, y que, en parte, todavía lo está. Será bueno que lo hagan, porque esta mentalidad lleva a una concepción light, débil, de la persona, de la sociedad y del país.
La nueva asignatura puede significar una oportunidad. Es hora de que lo hagamos. Ahora ya en España, y en buena parte más todavía en Catalunya, estamos quedando desfasados. Con la obsesión de ser avanzados, progresistas, espontáneos, etc. acabaremos siendo anticuados. Ni en Francia ni en Alemania ni en los Países Escandinavos ya no está de moda ir contra las normas, contra el respecto de las cosas y de las personas, contra la moral del esfuerzo, contra el sentido de responsabilidad y del bien común.
Todo aquello que el sociólogo Marina dice la tribu –es decir, sobre todo los padres, la escuela y el entorno social– se debe movilizar en este sentido. Será bueno para el país y, sobre todo, será bueno para los jóvenes.