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Empieza a ser general en toda Europa la demanda de una reflexión sobre los valores (y de poner al día nuestros valores e incluso algunas prioridades). Y son muchos los que tienen que modificar algunas ideas personales o de partido.
En Alemania esto es especialmente evidente porque hay un sentimiento general de que el país está en crisis. Pero poco o mucho lo están muchos países europeos, y en todos ellos hará falta que esta reflexión se haga. También en Cataluña y España.
Hace poco por ejemplo la prensa alemana explicaba el cambio que durante la última legislatura los socialistas alemanes imprimieron a su actitud y a su acción referentes a la familia. Durante décadas no solamente no habían tenido una política favorable a la familia sino que incluso la habían despreciado. Tanto intelectualmente como políticamente. Esto ya no es así. Durante la última legislatura socialista-verde el Gobierno Alemán inició una política de apoyo claro a la familia, en la práctica y en cuanto al discurso. El mismo Canciller Schröder se manifestó varias veces en este sentido. Y también hizo –cosa igualmente nueva- apelación a la responsabilidad personal, a no confiarlo todo al Estado si no queremos que el Estado del Bienestar fracase.
Justo
es decir que el SPD (partido socialdemócrata alemán) ha tardado mucho
en hacer caso a lo que Helmut Schmidt ya decía en el año 1982. Entonces
él hablaba del bien común (“del bien común ya no habla nadie” se
quejaba), criticaba que ni los políticos ni la sociedad ni los
intelectuales pensaran en el futuro, que sólo les moviera el presente
más inmediato; advertía que “las espaldas de nuestros hijos serán más
estrechas que las nuestras” ; reclamaba más asunción de responsabilidad
por parte de los ciudadanos; y -él sí- reclamaba mucha más atención a
la familia e incluso una natalidad más alta.
También reclamaba una eficaz política de integración de la inmigración.
Durante
años no le hicieron demasiado caso. Pero ahora todo esto ya es
urgente. Y todo esto a la fuerza se tiene que tener en cuenta en el
pacto del nuevo gobierno de la coalición alemana que estos días se ha
aprobado. Porque esto mismo –con variantes, pero con coincidencia
básica- propugna desde hace tiempo la Fundación Adenauer, que es el
principal organismo de elaboración doctrinal de los
demócrata-cristianos. Ponen el acento sobre todo en la responsabilidad
personal. Reclaman una sociedad de los ciudadanos, y no sólo un Estado
benefactor. Reclaman la Sociedad de la Responsabilidad.
Reclaman
volver a los principios de subsidiariedad, ahora un poco olvidados, es
decir, a la idea que a cada nivel –personal, local, político,
social,...- se tiene que hacer lo que s pueda hacer sin pretender que
lo haga alguien otro en un nivel superior. Reclaman el reforzamiento de
redes sociales, fuertes, eficaces e independientes de la
Administración. Reclaman que se actúe en términos de futuro y no de
inmediatez. Reclaman capacidad para afrontar el futuro. Naturalmente,
insisten en la necesidad de apoyar a las familias. Y lo resumen con el
lema de libertad, responsabilidad, subsidiariedad.
Podría parecer
que hay una contraposición entre el Estado del Bienestar y la Sociedad
de la Responsabilidad. No la hay. Para unos y otros el Estado del
Bienestar sigue siendo el modelo social a mantener y reforzar.
Pero
complementado por la idea de la Sociedad de la Responsabilidad: de que
ni el Estado lo puede hacer todo, ni conviene. No conviene. No conviene
porque –suponiendo que pudiera, y probablemente no podrá- acabaría
disminuyendo las personas. Porque anulando la responsabilidad y
limitando la libertad menguan la autonomía, la creatividad y la
responsabilidad. Que son factores básicos de configuración de las
personas y de progreso colectivo.
Convendría ver como estos temas son afrontados por otras culturas políticas y sociales a parte de la alemana. Es de esperar que Francia, que es un país muy potente en el campo de las ideas y de los proyectos, supere el desconcierto que desde hace tiempo vive y que podamos recibir aportaciones positivas. Lo necesitamos. Y hace falta estar atento en Gran Bretaña, que ya ha empezado a ir por este camino, y a los países escandinavos. Y a tantos otros. Pero sería bueno que en Catalunya no nos limitáramos a esperar lo que nos viene de fuera. Que superando complejos y saltándonos lo políticamente correcto que nos paraliza –como, por ejemplo, se lo han saltado los socialdemócratas alemanes- fuéramos capaces de elaborar propuestas sólidas, basadas en la solidaridad social, la responsabilidad personal, la idea de promoción de la gente y lo reto de un futuro que puede parecer incierto, pero que podemos hacer que sea positivo.