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Cosas e ideas que van cambiando

Jordi Pujol
Editorial / 15 de Noviembre de 2005



Empieza a ser general en toda Europa la demanda de una reflexión sobre los valores (y de poner al día nuestros valores e incluso algunas prioridades). Y son muchos los que tienen que modificar algunas ideas personales o de partido.



En Alemania esto es especialmente evidente porque hay un sentimiento general de que el país está en crisis. Pero poco o mucho lo están muchos países europeos, y en todos ellos hará falta que esta reflexión se haga. También en Cataluña y España.



Hace poco por ejemplo la prensa alemana explicaba el cambio que durante la última legislatura los socialistas alemanes imprimieron a su actitud y a su acción referentes a la familia. Durante décadas no solamente no habían tenido una política favorable a la familia sino que incluso la habían despreciado. Tanto intelectualmente como políticamente. Esto ya no es así. Durante la última legislatura socialista-verde el Gobierno Alemán inició una política de apoyo claro a la familia, en la práctica y en cuanto al discurso. El mismo Canciller Schröder se manifestó varias veces en este sentido. Y también hizo –cosa igualmente nueva- apelación a la responsabilidad personal, a no confiarlo todo al Estado si no queremos que el Estado del Bienestar fracase.


Justo es decir que el SPD (partido socialdemócrata alemán) ha tardado mucho en hacer caso a lo que Helmut Schmidt ya decía en el año 1982. Entonces él hablaba del bien común (“del bien común ya no habla nadie” se quejaba), criticaba que ni los políticos ni la sociedad ni los intelectuales pensaran en el futuro, que sólo les moviera el presente más inmediato; advertía que “las espaldas de nuestros hijos serán más estrechas que las nuestras” ; reclamaba más asunción de responsabilidad por parte de los ciudadanos; y -él sí- reclamaba mucha más atención a la familia e incluso una natalidad más alta.


También reclamaba una eficaz política de integración de la inmigración.


Durante años no le  hicieron demasiado caso. Pero ahora todo esto ya es urgente. Y todo esto a la fuerza se tiene que tener en cuenta en el pacto del nuevo gobierno de la coalición alemana que estos días se ha aprobado. Porque esto mismo –con variantes, pero con coincidencia básica- propugna desde hace tiempo la Fundación Adenauer, que es el principal organismo de elaboración doctrinal de los demócrata-cristianos. Ponen el acento sobre todo en la responsabilidad personal. Reclaman una sociedad de los ciudadanos, y no sólo un Estado benefactor. Reclaman la Sociedad de la Responsabilidad.
Reclaman volver a los principios de subsidiariedad, ahora un poco olvidados, es decir, a la idea que a cada nivel –personal, local, político, social,...- se tiene que hacer lo que s pueda hacer sin pretender que lo haga alguien otro en un nivel superior. Reclaman el reforzamiento de redes sociales, fuertes, eficaces e independientes de la Administración. Reclaman que se actúe en términos de futuro y no de inmediatez. Reclaman capacidad para afrontar el futuro. Naturalmente, insisten en la necesidad de apoyar a las familias. Y lo resumen con el lema de libertad, responsabilidad, subsidiariedad.
Podría parecer que hay una contraposición entre el  Estado del Bienestar y la Sociedad de la Responsabilidad. No la hay. Para unos y otros el Estado del Bienestar sigue siendo el modelo social a mantener y reforzar.

Pero complementado por la idea de la Sociedad de la Responsabilidad: de que ni el Estado lo puede hacer todo, ni conviene. No conviene. No conviene porque –suponiendo que pudiera, y probablemente no podrá- acabaría disminuyendo las personas. Porque anulando la responsabilidad y limitando la libertad menguan la autonomía, la creatividad y la responsabilidad. Que son factores básicos de configuración de las personas y de progreso colectivo.

Convendría ver como estos temas son afrontados por otras culturas políticas y sociales a parte de la alemana. Es de esperar que Francia, que es un país muy potente en el campo de las ideas y de los proyectos, supere el desconcierto que desde hace tiempo vive y que podamos recibir aportaciones positivas. Lo necesitamos. Y hace falta estar atento en Gran Bretaña, que ya ha empezado a ir por este camino, y a los países escandinavos. Y a tantos otros. Pero sería bueno que en Catalunya no nos limitáramos a esperar lo que nos viene de fuera. Que superando complejos y saltándonos lo políticamente correcto que nos paraliza –como, por ejemplo, se lo han saltado los socialdemócratas alemanes- fuéramos capaces de elaborar propuestas sólidas, basadas en la solidaridad social, la responsabilidad personal, la idea de promoción de la gente y lo reto de un futuro que puede parecer incierto, pero que podemos hacer que sea positivo.


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