A menudo contra críticas de toda clase.
Por ejemplo, la idea de
que un país que recibe inmigración debe tener bien definidos los
valores básicos sobre los cuales se sustenta, y debe reclamar que sean
asumidos y respetados, también por la inmigración. O bien que tanto los
venidos de fuera como los naturales del país –y de hecho el propio
país- tienen, todos ellos, unos derechos y unos deberes. O bien que la
mejor solución no es el multiculturalismo, con su tendencia a la
segregación y fragmentación internas del país, sino la integración, es
decir, la incorporación gradual de la inmigración en el tejido social,
económico, político y también cultural, conservando lo que quiera
conservar de su personalidad propia pero asumiendo que lo debe
compaginar con los elementos básicos culturales y políticos del país de
acogida. Es decir, asumiendo que el país de acogida debe poder seguir
siendo un solo pueblo.
Es decir, que la sociedad podrá ser muy
diversa, pero que se necesitará un eje aglutinador, un elemento
integrador constituido fundamentalmente por los valores y los
principios del país de acogida.
Repito, muchas veces en Catalunya
esto –que ya había sido defendido por algunos desde los años 50 y por
todo el movimiento político de los años 70- ha sido criticado. Y
también en algunos ámbitos europeos. Pero ahora es doctrina común en
Europa.
Vemos el caso de Alemania. En Alemania no habían
conseguido un grado de acuerdo suficiente sobre este tema. Había los
defensores de la integración y de “la Leitkultur”, de una cultura
central y constructora, es decir, integradora. Y había los
multiculturalistas, que rechazaban todo esto.
Ahora la Cancillera
Merkel ha convocado una “Integrationsgipfel”, una “reunión cumbre sobre
la integración”. Una reunión cumbre con unos 80 representantes de la
inmigración, y ha iniciado con ellos una discusión a fondo sobre el
tema. Pero dejando de lado el multiculturalismo. Dejando de lado como
ellos dicen “das Früherene Multikultl” el anterior multiculturalismo. Y
con toda rotundidad exigiendo la aceptación de los principios jurídicos
y constitucionales y de los valores de la sociedad, así como el
conocimiento de la lengua alemana, que junto con tener trabajo se
considera un factor clave para la integración y la convivencia.
Lo
que es interesante es ver que el SPD (partido socialista alemán),
tradicionalmente más inclinadao hacia el multiculturalismo ahora se
apunta a este planteamiento. Por ejemplo, acepta que tiene que haber
una Leitkultur. Subraya la importancia del tema lingüístico. Habla de
los valores básicos y de las reglas que rigen en Alemania. Y habla, por
ejemplo, que hace falta asegurar la libertad religiosa, la igualdad de
hombre y mujer y los derechos de las minorías, pero también pone
fronteras claras, que nadie basándose en su origen o en su creencia
religiosa bote transgredir.
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Todo esto que
está pasando a Alemania poco o mucho está pasando en toda Europa. Pasa
en Gran Bretaña, que también ha abandonado el multiculturalismo, y ha
optado por las políticas de integración. Por su parte, Francia ve como
su política no de integración, sino de asimilación, que es otra cosa,
fracasa porque es demasiado rígida y no le funciona el ascensor social.
Pasa en Holanda, en Dinamarca, en Suecia. En estos países es muy fuerte
la exigencia de que los inmigrantes hablen la lengua del país. Y una
cosa podemos decir. En algunos aspectos, Catalunya, que se ha sabido
enfrentar desde hace muchos años y en condiciones difíciles y con poco
poder, con inmigraciones muy masivas, puede participar con mucha
autoridad en cualquier definición de políticas de inmigración y en su
aplicación. Porque ha demostrado tener una gran capacidad de
integración, hecha con gran respeto hacia todo el mundo, como lo
demuestra la buena convivencia que hay en Catalunya. Porque se ha
esforzado en mantener su identidad primera, que es la que puede
garantizar su continuidad como colectividad. Y porque –y en esto
Catalunya ha sucedido de una manera especial- ha funcionado muy bien el
ascensor social. Es decir, la sociedad catalana ha ofrecido muchas
posibilidades de promoción social, económica, cultural y política. Como
muy pocos lugares de Europa.
Los valores de la sociedad catalana,
su forma de vivir y su concepto de país lo han facilitado. Por esto es
tan importante que lo sepamos conservar.