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Ahora que se impone una reflexión a fondo sobre el futuro de la Unión Europea -de antuvio muy orientada hacia la discusión del modelo económico y social (simplificando, si el de Blair o Chirac)- es necesario que en esta reflexión se introduzca también el tema de la identidad europea. Esto se tuvo en cuenta durante diversas décadas de construcción europea, pero ha sido muy dejado de lado y arrinconado desde hace años. Y esto acaba siendo una debilidad europea...
Porque es cierto que el modelo europeo basado en la democracia, la economía de mercado y el Estado del Bienestar es, o así lo creemos los europeos, el mejor modelo existente. Pero toda colectividad además de estas ligaduras que puden acabar siendo contractuales, es decir, resultado de un pacto y de un juego racional de derechos y deberes -y esto ya es mucho, y tiene mucho mérito, y lo tenemos que defender-, necesita tener unas ligaduras de orden moral y de sensibilidad que dan profundidad y fuerza a su voluntad de vivir en común, de ser colectividad. Y una cosa -la que más o de las que más- que da esta consistencia es el sentido de la Historia. Es la conciencia de haber vivido juntos, de haber construido juntos. Es la conciencia de haber tenido durante siglos unos valores comunes. De haberlos ido trabajando y poniendo al día durante siglos. De haber hecho un patrimonio.
Es decir, lo que contribuye muy decisivamente a que haya una común una conciencia europea son hechos, como estos, todos ellos d’una gran trascendencia.
1.- El valor de la persona. La persona como entidad irreductible, definida en ella misma, pero al mismo tiempo necesitada de comunicación y de comunión, necesitada del otro. Y esto ya se remonta a la confrontación cultural -no sólo militar y política- entre griegos y persas.
2.- El papel jugado por la religión. Por el judaísmo y por el cristianismo, y por los valores que introducen. Y por su entronque con la filosofía griega, juntamente en buena parte porque coinciden con el papel que asignan a la persona.
3.- La trascendencia que tiene que el cristianismo haya sido capaz -y no de un día a otro, sino a través de un largo proceso- de separar el poder religioso del político, la ciencia y la filosofía de la teología, la justicia de la religión.
4.- El hecho que todo esto haya hecho posible que a partir de los siglos XII-XIII hasta el siglo XX Europa haya podido acontecerse en la civilización más capaz de crear progreso científico y técnico, más riqueza, y una visión cada vez más autónoma del ser humano.
5.- El hecho que la civilización europea, gracias a toda esta evolución, y al hábito de libertad intelectual que ha comportado, haya podido producir la Ilustración del siglo XVIII, y la Declaración del Derechos de l Hombre. Y que haya podido así abrir el camino hacia la democracia y el progreso social.
Todo esto obviamente en medio de convulsiones y enfrentamientos internos, hasta hace pocos años. Pero que finalmente Europa ha sabido superar. Y todo esto también en confrontación con pueblos y civilizaciones no europeas, desde el pueblos asiáticos a los musulmanes, y en confrontación también -en el terreno de determinados valores y en el campo de la competición mundial- en los Estados Unidos. Y todo esto, finalmente, alimentado por la ambición de proyectar Europa y sus valores en cualquier parte del Mundo. Es Europa, más que ninguna otra civilización, la que ha sido más capaz e universalizar sus valores.