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El país debe recapacitar (1)

Jordi Pujol
Editorial / 19 de Febrero de 2008

De diez o doce años hasta hoy, y sobre todo desde el año 2000 hasta hoy–es decir, desde hace relativamente poco, pero de una manera muy acelerada–, se han producido muchos cambios en Catalunya, hacia los cuales no hemos adoptado todavía actitudes lo suficiente positivas.

Por la naturaleza de este boletín y de estos editoriales no entraremos en los aspectos más propiamente políticos del tema, excepto una inevitable y breve consideración final. Hablaremos sólo de los grandes cambios económicos, sociales, demográficos y de mentalidad, etc., generalmente de carácter muy general, pero de fuerte incidencia en Catalunya. Analicémoslos:



1. Grandes cambios tecnológicos que hacen envejecer rápidamente y drásticamente métodos de producción, sistemas de comunicación, formas de comunicarse. Sólo recordando que el teléfono móvil empieza a generalizarse el año 1994 y que Internet no entra en los hogares y en los despachos hasta el 1998 es suficiente para calibrar la magnitud y la rapidez del cambio. Y esto requiere un frenético proceso de mejora tecnológica. Al fin y al cabo ha cambiado radicalmente nuestros sistemas de comunicación y de información.

2. Ha habido la globalización fruto, en buena parte, de estos cambios tecnológicos. El mundo de golpe se ha hecho pequeño y el tiempo se ha acelerado. El cambio es constante e impera la necesidad de internacionalizarse. Nunca como ahora es cierta la frase “nuestro mundo es el mundo”.

3. En este mundo globalizado hay cambios profundos y rápidos del peso y de la importancia de países y continentes. En esto un país como Catalunya puede influir poco o nada, pero lo debe tener mucho en cuenta. Y Europa debe estar muy dispuesta, y prepararse por lo que está viniendo. Y no lo hace.

4. En buena parte, como consecuencia de todo esto –pero teniendo como causa principal la pobreza de muchos países–, en cualquier parte del mundo se han producido formidables movimientos migratorios. Han ayudado la televisión, los móviles, la facilidad del transporte, las organizaciones especializadas –mafiosas o no– que facilitan las migraciones. Nunca se habían producido movimientos humanos de tanta magnitud ni tan repentinos. Y esto tiene y tendrá consecuencias importantes.

5. La ciencia y la tecnología siempre habían sido precursoras de los grandes cambios económicos y sociales. Y sobre ellas se habían construido hegemonías y acelerado desarrollos. Esto ahora es más evidente que nunca, y sobre todo es más contundente. Define más que nunca la frontera entre ganadores y perdedores.

A estos cinco puntos de carácter muy universal hemos de añadir unos cuántos de ámbito español.

1. Se ha roto el equilibrio que había habido durante veinte años en la relación entre Catalunya y el resto de España. Equilibrio difícil de mantener y no consolidado, por lo tanto, frágil y peligroso. Pero se había mantenido. Desde hace unos años, y especialmente desde 2004, este equilibrio se ha roto. En contra nuestra.

2. Han contribuido errores nuestros, de una parte, la exacerbación de un crecimiento económico que, por razones diversas –infraestructurals, políticas, de opción empresarial, etc.–, pese a crecer nosotros también, no hemos podido seguir con la misma intensidad que algunas zonas –no todas–  de España y la consecución de una política tanto del PSOE cómo del PP tendente a aplicar en España el modelo francés de centralización, que tiene un beneficiario principal, que es Madrid, y un perjudicado, cuando menos relativo, que es Catalunya.

3. Tanto la política como la opinión pública españolas han virado hacia una radical hostilidad hacia Catalunya. Disimulada en algunos casos, descarada en otros, pero finalmente siempre efectiva. Han aflorado resentimientos y complejos antiguos, y la euforia general para el progreso español de los últimos veinte años, o más, especialmente espectacular durante los últimos trece se traduce en agresividad y desprecio hacia Catalunya. Y ha ganado peso la idea que finalmente había llegado la hora de reducir Catalunya al estatus más estrictamente regional y a dejar muy herida nuestra identidad. De como decíamos en el editorial "La autonomía por arrastre", del 20 de febrero de 2007, a completar el proceso de asimilación y de rebaja de Catalunya.

Debemos reaccionar contra todo esto, y podemos hacerlo. Cómo hemos dicho al comienzo, no querríamos entrar en el campo más propiamente político, y menos a veinte días de las elecciones españolas. Pero sí que podemos decir que tanto políticamente como con respecto a la claridad de ideas, a las actitudes serias y a la definición y priorización del interés de Catalunya y a la asunción de responsabilidades, sobre todo por parte de quien además atañe, no vamos bien.

Acabemos, pero, con un comentario y un anuncio positivos: esta Catalunya con la cual parece que ahora todo el mundo se atreva –que se atreva a difamar-la o a engañarla– tiene recursos. Humanos, técnicos, morales, de toda clase. Sólo el desconcierto o la timidez pueden hacer que no los sepa utilizar. En el editorial del próximo martes hablaremos de ello.


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