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El país tiene que recapacitar (2)

Jordi Pujol
Editorial / 28 de Febrero de 2008

Hace tiempo que desde este boletín hemos expresado críticas tanto contra ciertas actuaciones hechas desde Catalunya como también contra la actitud en general dominante en España, políticamente y sobre todo moralmente muy negativa. Hace tiempo que reclamamos una rectificación política y sobre todo de mentalidad.



Todavía la semana pasada nuestro editorial llevaba un título lo suficiente explícito: “El país debe recapacitar” y hoy volvemos sobre el tema. Pero no ya con el acento compungido. Ya nos hemos flagelado. Ya hemos admitido nuestras fallas y hemos hecho contricción. Y ya hay mucha gente dispuesta a no reincidir. Ahora, por lo tanto, y sin olvidar la lección aprendida, ya es hora de mirar adelante y de reaccionar. Ya celebramos el Carnaval y ya estamos pasando la Cuaresma. Se acerca la hora de recuperar la confianza, la ilusión y, sobre todo, la confianza y la voluntad.

Estos editoriales procuran evitar entrar directamente en el comentario político. Por lo tanto en el de hoy no hablaremos de las elecciones del 9M. Aun cuando es innegable que también podrían ser indicativas -para bien o para mal- de haciadónde gira el viento. Hacia dónde gira la gente: si hacia la resignación, o hacia la reacción. Pero dicho esto, y volviendo a los argumentos, a los móviles y a las actitudes de fondo, sí que hace falta decir que a partir de ahora hace falta poner el acento en la capacidad de nuestra sociedad de recuperar el temple, la confianza y la ambición.

Acabábamos el editorial de la semana pasada con estas palabras: “Esta Catalunya con la cual parece que ahora todo el mundo se atreva –que se atreva a difamarla o a engañarla- tiene recursos. Humanos, técnicos, morales, de toda clase. Sólo el desconcierto o la timidez pueden hacer que no los sepa utilizar”. Y ya antes, en el editorial del 4 de diciembre titulado “Dignidad y confianza” hacíamos repaso de todos los activos materiales, culturales y morales de que dispone Catalunya, y veíamos que eran muy importantes. Era el editorial publicado justo tras la manifestación del uno de diciembre. Que fue muy importante, y esperanzadora, porque fue, decíamos “un acto de afirmación y de dignidad”.

Es un editorial –la del 4 de diciembre- que aconsejamos releer. No hace falta que hoy repitamos los mismos argumentos. Releámoslos.

Pero además en aquel editorial se enumeraban toda una serie de razones que justifican nuestra confianza. Que nos permiten creer que podemos reaccionar. Que es lo que debemos hacer. Sea cuál sea el resultado del 9M.

Se confirma que Catalunya –que es una economía con fuerte peso industrial- ha salvado y modernizado su industria. Que en conjunto y de mucho es la más competitiva de España.

Se confirma que nuestras Universidades, pese a la política errática de nuestro Gobierno, suben puntos en los rankings internacionales, pese a estar todavía lejos del nivel que queremos lograr. Se confirma también la larga lista de buenos activos que decíamos el 4 de diciembre.

Sobre todo se confirma que en nuestra sociedad civil hay una serie impresionante de iniciativas, y sobre todo mucha gente joven que está emergiendo, desde nuevos empresarios hasta vocaciones literarias noveles, desde una muchedumbre de blocggers inquietos e incisivos hasta iniciativas culturales y sociales en cualquier parte del territorio, desde los barrios de la periferia barcelonesa hasta el pueblo más pequeño. Hay mucha vitalidad. En muchos aspectos y de cara a los tiempos que vienen que en más de un sentido pueden ser más difíciles que los de los últimos años, Catalunya está más bien preparada que el resto del Estado. Ya hemos pasado la etapa de la chulería, de la infatuación, de los aires de nuevo rico y de la suficiencia –ya hemos pasado el Carnaval-, y no se puede decir lo mismo del  resto de España. Ya estamos en condiciones de volver a hacer trabajo bien hecho. Y sigue siendo verdad que el trabajo bien hecho no tiene fronteras. El trabajo bien hecho –y no los recursos naturales o el favor político- fueron el factor determinante de nuestro progreso económico, cultural y moral –y de nuestro prestigio- durante todo el siglo XX.

Es hora de volverse a poner. Reclamando lo que es justo, pero sin servilismo. Y sobre todo sin esperar que desde fuera nos resuelvan los problemas. El futuro de Catalunya depende en parte de lo que pase a Madrid, y en Bruselas, y en China y en Estados Unidos, pero sobre todo depende de lo que hacemos los catalanes. Y los catalanes haremos más o menos si todo los activos que tenemos –que son importantes- los utilizamos bien. Con confianza, con ambición, con buenos liderazgos. Combinando buen trabajo bien hecho con dignidad y respeto.

El mundo que viene es global y tecnológico. Catalunya se puede mover bien. De hecho ya se empieza a mover bien. Y además, contrariamente a lo que a veces nos explican, es un mundo dónde las identidades y los valores pesarán. Y de esto los catalanes sabemos algo. Sabemos no sólo como se defiende una identidad, también sabemos cómo puede ser motor de progreso.

Pase lo que pase, es hora de reaccionar. Y lo podemos hacer.


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