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Los maestros

Jordi Pujol
Editorial / 22 de Julio de 2008

La editorial de este boletín del 26 de junio de 2007 se titulaba “Maestros, poetas y políticos”. Hablaba de la contribución importante y positiva que hacen los diagnósticos sociológicos y económicos para conocer mejor la situación de nuestro país y, por lo tanto, actuar eficazmente. Pero decía, textualmente, que “esto solo no resuelve los problemas, no mueve a la sociedad, no moviliza a la gente... que además de especialistas y analistas de toda clase necesitábamos maestros, poetas y políticos. Es decir, formación, emoción, acción y ordenación públicas”.



Hablábamos de los maestros en un doble sentido, el de la transmisión de conocimientos y el de la formación de la personalidad. Transmisión de conocimientos y enseñanza de mecanismos que permitan razonar, de un lado. Y formación en valores y actitudes que den calidad, coherencia e ilusión a la persona.

Quienes hayan seguido estos editoriales y, en general, la acción del Centre d’Estudis Jordi Pujol saben que somos críticos con la orientación pedagógica dominante en Catalunya (más dominante, muy a menudo, que la del mismo Gobierno). Pero hoy no insistiremos en esto, aunque realmente, a nuestro entender, éste mal enfoque pedagógico contribuye mucho al malestar de los maestros.

El caso es que en el mundo de los maestros hay insatisfacción. Una insatisfacción a la cual ni la sociedad en general ni los gobiernos han sabido dar suficientes buenas respuestas. Y sería bueno que cada cual hiciera su propio examen.

Ahora que en el mundo de la enseñanza está tan de moda Finlandia miremos qué pasa allí. No hace falta hacer grandes estudios. Hay suficiente con hablar con maestros finlandeses.

Lo que más llama la atención es que están contentos. Y satisfechos. Más que nuestros maestros. Pero si se les pregunta por qué, te das cuenta que no están más bien pagados que los nuestros, que no trabajan menos y que no tienen más vacaciones. ¿Qué tienen, pues, que los nuestros no tengan? Tienen mucho respeto y mucha consideración.

Mucho respeto y consideración en la sociedad (mucha valoración social). Y mucho respeto y consideración en la clase. Impera la cultura del respeto, en todo: en el tratamiento, en la actitud, en el cumplimiento de las normas. Y tienen dirección en la escuela.

Quien más tiene una actitud de respeto con los maestros son las familias, los padres. Que, de otro lado, se ocupan mucho de los hijos. Se sienten los principales responsables de sus hijos. Y colaboran mucho con los maestros. Colaboran sobre todo de cara al propio hijo, es decir, no sólo discutiendo si la escuela funciona suficientemente bien. Y es todo esto lo que hace que la enseñanza en Finlandia funcione mejor.

Maestros y padres colaboran todavía en otro aspecto: comparten valores. Uno ya lo hemos dicho, el valor del respeto. Otro, el del esfuerzo. Otro, el del equilibrio entre derechos y deberes. En la sociedad y en la clase.
Es justo decir que la sociedad finlandesa está más bien ordenada que la nuestra. Y es más austera. De mentalidad más exigente. Más disciplinada. Y con más años de buen funcionamiento de las instituciones. Pero puestos a coger modelos, cojamos los que van bien. Y miremos de sacarles provecho. Adaptándolos. Pero no usándolos de envoltorio de un producto, nuestro de hace años, que en buena parte ya ha puesto de manifiesto sus limitaciones.

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Es de justicia hacer constar que en el campo de la enseñanza quien más ha estado en su lugar han sido los maestros. Han tenido que trabajar con leyes cambiantes, con orientaciones pedagógicas discutibles, con un ambiente social (y a menudo de las familias) poco adecuado, en un marco de crisis de valores, etc. Por ejemplo, sin ellos las dificultades de aplicación de la LOGSE habrían atenazado del todo nuestro sistema educativo. Sobre ellos han recaído, además, dos de las responsabilidades más grandes que hoy puede haber en Catalunya: la de hacer posible la defensa de la lengua y la de facilitar la acogida y la integración en Catalunya de la inmigración actual. Y a esto hace falta añadir que por decisión –a nuestro entender justa– de la sociedad y de las instituciones catalanas, la escuela en Catalunya es muy inclusiva. Es innegable que las administraciones han hecho un gran esfuerzo para que esto no hiciera imposible el buen funcionamiento de la escuela, pero la carga principal, y de cada día, ha repercutido en los maestros.

La nueva Ley de Educación podría ser que hiciera más fácil el trabajo de los maestros. Ojalá. Esperémoslo. Pero además hace falta –y es trabajo de todos– que la sociedad en general y, especialmente las familias, tengan una actitud de respeto y de consideración hacia los maestros. Y de agradecimiento.

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