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¿Qué es lo que está en juego?

Jordi Pujol
Editorial / 23 de Septiembre de 2008

Catalunya vive un momento de crisis. Hay que precisar que una crisis no necesariamente tiene que acabar mal. Puede acabar bien. Es más, a veces la crisis es condición de evolución favorable de una enfermedad o de una situación política difícil o, en general, de una situación de estancamiento. Una crisis puede terminar de debilitar la resistencia de una sociedad o puede provocar la movilización y la reacción salvadoras.



Parece que el problema con el qué ahora se enfrenta Catalunya es el de la financiación. Y realmente así es. Pero no es sólo eso. Catalunya se enfrenta a muchos más retos. Algunos de ellos, muy generales, es decir, que se dan en toda España, o en toda Europa, o en el mundo. Y no muy lejanos, algunos de hace sólo siete u ocho años.

1. Las nuevas tecnologías y, a caballo de esto, cambios muy acelerados y profundos. En muchos campos: las telecomunicaciones, la informática, los transportes, la producción, etc.

2. La globalización, que abarca desde la economía hasta la cultura. Se empezó a notar hace quince años, pero su presión se ha acentuado más rápidamente des del año 2000.

3. Últimamente ha estallado una crisis económica de gran intensidad.

Creemos que Catalunya podría dar una respuesta positiva a estos tres retos si contara con recursos económicos suficientes, con un autogobierno adecuado y con una actitud positiva de su población. Más difícil podría ser el reto siguiente:

4. La inmigración masiva, de los últimos 8-10 años. Catalunya representa en esto un caso muy extremo, seguramente el más extremo de Europa. Y es un reto para nuestra identidad como pueblo.

5. Todo esto se produce en un contexto muy negativo en las relaciones de Catalunya con toda España. Que hace difícil la indispensable, substancial y justa mejora de nuestra financiación. Pero que hace incierta también la adecuada aplicación del Estatuto.

6. De todo esto se puede llegar a derivar una amenaza grave contra la continuidad de Catalunya como pueblo.

Esto no es alarmismo exagerado. Es simplemente un toque de atención. Que no somos los únicos que lo damos.

Recientemente el historiador Ferran Mascarell ha publicado un artículo en el periódico “Avui” (9-IX-08) donde dice que lo que está en juego ya no es sólo la financiación, sino también la validez del pacto constitucional y el modelo de Estado. Una frase lo resume muy bien: “España debe saber que los catalanes no están reivindicando sólo una financiación justa, sino la aplicación llena de sus derechos nacionales”. Es exactamente esto. Y el primero derecho de un país es el de SER.
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No es exagerado hablar de agresión y de amenaza graves. En cualquier caso como posibilidad real. Imaginemos el escenario siguiente:

El Tribunal Constitucional vuelve a recortar el Estatuto en tres aspectos clave:

a) en las disposiciones lingüísticas (por ejemplo, la inmersión lingüística o el derecho a ser atendido en catalán);
b) en la posibilidad de actuar lingüísticamente, administrativamente y socialmente sobre la inmigración con objetivo integrador;
c) en la capacidad de la Generalitat de desarrollar una política de acción y de cohesión sociales que tenga en cuenta la realidad catalana.

Y añadimos a todo esto el riesgo, ya mencionado, de mantenimiento de la política de ahogo económico. Hecho que, tal y como van las cosas, es muy posible. Al fin y al cabo representaría un peligro muy grande para Catalunya.

Y todo esto puede que pase. A los protagonistas políticos, mediáticos y judiciales españoles no los importaría para nada, todo al contrario, que esto pasara.

Si esto fuera así haría falta que en Catalunya hubiera una reacción seria y muy vigorosa. Con unidad o sin, pero una reacción suficientemente extendida y suficientemente potente. Dirigida, en primer lugar, a los ciudadanos de Catalunya. Al menos a aquellos por los que Catalunya tiene un valor y ser catalán tiene un sentido. Y después, como un acto de alineación enérgica frente de la política de homogeneización lingüística, cultural, política y social del Estado.

Todo esto no son ganas de dramatizar. Las cosas son cómo son, y son así. Sí que es cierto que este rechazo de la política de ahogo económico e identitario la debemos hacer con serenidad. Y lo podemos hacer, con serenidad. Y lo podemos hacer. Porque tenemos una larga tradición de actitudes y de acción responsables. Y también hemos hecho fracasar ya muchos intentos de asimilación y de rebajamiento de Catalunya. Con serenidad, como decíamos. Pero sin dejarnos engatusar por argumentaciones engañosas, por apelaciones a la responsabilidad hechas por gente que muchas veces ha engañado y ha sido poco responsable. Si alguien les puede dar lecciones de responsabilidad y de juego limpio, somos nosotros.

Si lo hacemos así, esta gran batalla, la ganaremos. Mejoraremos suficientemente o no nuestro autogobierno, pero no recularemos. Y reforzaremos nuestra autoestima, nuestra conciencia de país y nuestra capacidad de mejorar nuestra sociedad. Al servicio de todos los ciudadanos de Catalunya. Y la crisis habrá servido para ir hacia arriba

Nota: No es la primera vez que llamamos la atención sobre los peligros del momento presente. Por ejemplo, lo hicimos en la editorial de principios de julio (“¿Qué está pasando?”), colgada en esta web y de la cual recomendamos la lectura.


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