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¿Qué es autonomía?

Jordi Pujol
Editorial / 14 de Octubre de 2008

Parece que no se tenga una idea clara de qué significa Autonomía. Autonomía de verdad. En todo caso Autonomía como siempre la hemos entendido en Catalunya, y como en algunos momentos de la Transición pareció que se aceptaba en España. Autonomía significa autogobierno, es decir, poderse gobernar un mismo.



No en términos de plena soberanía, es decir, de Estado independiente. Pero sí de forma que se reconozca la existencia de un sujeto colectivo con capacidad de iniciativa en aspectos esenciales para mantener e impulsar su personalidad. Con capacidad de elaborar y aplicar un proyecto propio. En el marco de un Estado más amplio, pero dotado de reconocimiento político y simbólico y de las competencias y de la financiación que le hacen falta para llevar a término su tarea colectiva.

O sea que Autonomía no es el equivalente de independencia. Y por lo tanto no dispone de total capacidad de decisión en todos los ámbitos. Pero no es tampoco el equivalente de descentralización, que es un proceso estrictamente administrativo. En un sistema descentralizado el ente autonómico lo que hace es aplicar el que el único poder político real que hay, que es el central, dictamina y ordena. Esto, y la dependencia financiera que tiene respecto al poder central le hace muy difícil, y a menudo imposible tener iniciativas importantes propias. Y de hecho tener un proyecto propio –compatible con la pertenencia al Estado, pero sin interferencia en todo aquello que sea competencia autonómica- es una de las razones de ser de la Autonomía.

Estamos hablando de colectividades que tengan una auténtica vocación autonómica, es decir, de autogobierno. Y de realización propia, de conservación y de desarrollo de la propia personalidad. Y que consecuentemente estén dispuestas a asumir la responsabilidad que esto comporta. La autenticidad o no de un sentimiento y de una reivindicación autonomista se ve por el grado de responsabilidad que se está dispuesto a asumir. Un autonomismo auténtico no solamente no rehúye la responsabilidad, sino que la busca. Porque aspira a tomar iniciativas importantes y propias, es decir, no delegadas o condicionadas. Y si hace falta, difíciles. Y en todo caso aspira a asumir el máximo posible de responsabilidad en todo aquello que afecta a la gente del propio país.

Pongamos algunos ejemplos relacionados con lo dicho hasta ahora.

Catalunya pidió ya muy pronto el traspaso de las prisiones que ninguna Comunidad Autónoma no quería, y todavía a ahora mismo  no tiene esta competencia. Es una competencia más bien conflictiva, que no da ni lucimiento ni votos, y fácilmente deficitaria. Pero que es la prueba de nuevo que Catalunya no reclama la Autonomía por una cuestión de lucimiento o por el poder administrativo más bien de Diputación, que puede dar satisfacción en términos de influencia política local. Es aquello que hemos dicho: una auténtica vocación de autogobierno que quiere estar a las verdes y a las maduras y quiere ser útil a toda su gente. Y con el máximo posible de responsabilidad. No quiere dedicarse sólo o sobre todo a cortar cintas.

Otro ejemplo puede ser el de la Policía. Una competencia de la más alta responsabilidad y riesgo. Y que sólo Catalunya –aparte del País Vasco- ha reclamado y ejercido. Y que las otras Comunidades Autónomas (CCAA) españolas precisamente por esto no quieren. Como costó que algunos aceptaran la Sanidad e incluso la Enseñanza. Puede sorprender, pero así fue. Porque son las que más fácilmente hacen déficit y más problemas tienen. Precisamente Sanidad ofrece otro ejemplo de lo que puede ser o no ser Autonomía. La Ministra De la Vega y el Ministro Solbes parece que están de acuerdo al establecer una tutela de la Sanidad de las CCAA. Esto puede significar una pérdida de capacidad para que Catalunya cree su propio modelo sanitario.

Expliquémoslo con un ejemplo.

A mediados de los años 80 hubo entre la Generalitat y el Gobierno Central una discusión muy a fondo sobre el modelo sanitario y la política hospitalaria. La Generalitat quería crear una red de hospitales comarcales (que encajaba con su política de equilibrio territorial y de proximidad), y en cambio el Ministerio de Sanidad propugnaba crear sólo unos cuántos hospitales, pero muy grandes. Y lo ponía como condición para el acuerdo de financiación sanitaria. Autonomía quería decir y quiere decir que la Generalitat reciba el dinero que le corresponde sin condicionamiento, es decir, sin carácter finalista. Y que pueda implantar su propio modelo. Como pudo hacer con Sanidad.

Pongamos otro ejemplo. Hace dos años el Congreso de Diputados aprobó la Ley de Dependencia que incomprensiblemente el Gobierno de la Generalitat no recorrió aun cuando es criterio general desde sectores políticamente muy diversos, que invade de una manera flagrante competencias de la Generalitat. Es un hecho grave porque significa la renuncia a incidir en aspectos muy importantes de la atención a las personas, y  su bienestar. Es un hecho que sorprende y escandaliza, porque justamente una de las cosas que más sentido da a la Autonomía es que pueda ofrecer la màxima atención posible para la gente del país. Y esto no aplicando unas instrucciones administrativas que despliegan una Ley hecha en Madrid al margen de la realidad social y del proyecto social de Catalunya, sino de acuerdo con una Ley que tenga en cuenta esta realidad y este proyecto propios. Y esto se había hecho en muchos terrenos (ya hemos mencionado antes el de la Sanidad), con criterio de autogobierno y con buenos resultados.

Ya hemos dicho que Autonomía no equivale a independencia. Pero requiere respeto pleno por todo aquello que por Ley corresponde a las instituciones autonómicas. Requiere una mentalidad respetuosa de los poderes del Estado hacia las instituciones autonómicas (Y requiere, naturalmente, que estas se hagan respetar. Que por comodidad o por miedo a asumir riesgos dejen de ejercer su derecho, que además es su deber).

Es frecuente que el Gobierno Central (pasa a menudo en España) presione políticamente y a menudo financieramente a las instituciones autonómicas. Y que tarte de interferir y condicionar sus iniciativas. Sobre todo las de carácter social y cultural. Por poco que el gobierno autonómico ceda o que tenga dificultades económicas el Gobierno Central fuerza ser presente en iniciativas que lógicamente deberán ser netamente propias de la sociedad catalana con apoyo, si hace falta, de nuestras Instituciones. No forzando desde Madrid la presencia de la Administración Central.

Pasa con iniciativas de signo económico. Pero especialmente con las de signo cultural y social, es decir, con iniciativas que ayudan mucho a configurar la imagen de un país. La imagen que los ciudadanos se hacen del propio país. Y finalmente su adhesión al propio país. O sea que no son intromisiones casuales.


Conviene recordar todo esto ahora que estamos pendientes de ver cómo acaba todo el tema del nuevo Estatuto. Y de decidir si lo podemos aceptar o no como buneo. Veremos si el resultado final nos da vía libre para llevar a término un proyecto propio de país. Que permita lograr aquello que es esencial en Catalunya.

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- Mantenimiento de la identidad, con una muy especial referencia a lengua, cultura y todo lo referente a integración.

- Desarrollo económico. Capacidad de crear riqueza y de innovar.

 - Cohesión social y convivencia ciudadana, y por lo tanto, capacidad de crear una sociedad justa y equitativa.

- Financiación adecuada. La insuficiencia de financiación de una parte no permite a la Generalitat cumplir adecuadamente con sus ciudadanos con respecto a sus necesidades, y hace muy difícil tener iniciativas propias de acuerdo con las características de la sociedad catalana.


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