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Alrededor de 1920 Catalunya vivió momentos difíciles. Tras los años de fuerte crecimiento económico que había provocado la primera Guerra Mundial, ya que nuestras fábricas habían trabajado a pleno rendimiento para los países en guerra. Después de la esperanza que habían creado la Asamblea de Parlamentarios de 1916 y del proyecto de Estatuto de Autonomía de 1918. Después de unos años de buen funcionamiento de la Mancomunitat y de consolidación del proyecto cultural, social y político del catalanismo. Después de todo esto, habían llegado tiempos difíciles. Gran agitación social, pistolerismo de origen obrero y de origen patronal, desconcierto político, inquietud militar, crisis económica e, incluso, crisis bancaria, con la quiebra del principal banco catalán, el Banco de Barcelona.
Es en este contexto que Eugeni d'Ors, el día 9 de enero de 1921, escribió el artículo que a continuación reproducimos.
La extensión de la crisis
Dicen que la crisis de los bancos será menos grave si llega a quedar localizada. ¿Creen ustedes, sin embargo, de buena fe, que en Catalunya es posible localizar una crisis? !Paliarla no te digo que no! Pero para que una crisis en un orden de asuntos pudiera favorablemente resolverse, sería necesario que los asuntos, en ellos mismos y en su totalidad, no estuvieran en crisis. Y para que los mismos asuntos no estuvieran en crisis, sería necesario que Catalunya no estuviera en crisis política, como lo está desde algún tiempo. Y para que no estuviera en crisis política, que no estuviera en crisis moral, que no estuviera en crisis de cultura.
!Dicen del pánico, dicen del pánico! En el pánico hay un elemento irracional siempre, pero en el centro del pánico, hay también un núcleo racional. Si la imagen del peligro exterior no es exacta, es siempre exacta, al menos, la de la interior debilidad. Porque inevitablemente, aquel que se imagina ser débil, débil es.
A los que tienen cuentas corrientes en tal o tal otro banco les podrán ser devueltos sus créditos. ¿Pero quién nos devolverá, a todos los catalanes, la cuenta corriente espiritual que todos tenemos en el catalanismo político? ¿Quién nos indemnizará por las pérdidas irremediables que esta quiebra, quiebra más grave, porque se ha producido sin suspensión de operaciones, nos ha producido? ¿Cuándo y cómo cobrarán aquellos que, por ejemplo, habían depositado en esta caja mal segura, manejada últimamente por gente con demasiado ardor, toda una juventud?
Ochenta y ocho años más tarde, este artículo es del todo actual. Fijémonos en él.
Ors dice que hay una crisis bancaria. Y no le da poca importancia. Pero le preocupa más la crisis general, la crisis de las empresas, la crisis de lo que ahora llamamos la economía real. Y añade que será difícil recuperar esta crisis, porque subyacente a ella hay una crisis política. Y una crisis moral, y cultural, es decir, de valores y de ideas.
Y eso mismo es lo que ahora pasa.
Pero Ors dice aún otra cosa muy actual. Habla del pánico. Del miedo. Y vuelve a acertar porque dice que el peligro exterior es lo que es, grande o pequeño, pero lo que de verdad debe preocupar es el miedo -él dice el pánico - que nace de la sensación de debilidad interior. Porque aquel que se cree que es débil, es realmente débil.
Y esto también ocurre ahora. También nos sentimos inseguros.
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Aquella crisis económica se superó. Con víctimas, pero se superó. Y después han venido más, que también se han superado. Y también crisis políticas y crisis del alma. Por lo tanto, no debemos pensar que no hay futuro. Pero a condición de analizar bien nuestros fallos políticos y sobre todo de actitud y de moral individual y colectiva.
Porque lo que ha pasado se podía preveer. No lo preveímos suficientemente. Algunos lo habrían podido preveer si no hubieran tenido mentalidad de nuevo rico, por tanto, no hubieran sido presuntuosos y poco exigentes. Y otros, si no hubieran pervertido palabras nobles como solidaridad. Y otros, si no se hubieran instalado en la moral del no esfuerzo. Y otros, si no hubieran jugado con fuego en temas económicos, o sociales. Y políticos. Con ligereza y poca seriedad. O en Catalunya en la evaluación de las propias fuerzas y del contexto español. Y habiendo provocado lo que Ors señalaba como especialmente negativo: se es débil si pierdes la autoestima y te piensas que eres débil.
Y ahora resulta que la España que se lo comía todo, campeona en tantas cosas, y que daba lecciones a todo el mundo es campeona en otra cosa, en el paro. Y de mucho. Y dicen -y es verdad- que tiene las entidades financieras saneadas. Como Ors decía: podemos decir que los pequeños ahorradores no perderán su dinero. Pero estamos inmersos en un sistema que dificulta mucho ayudar a las empresas. Más que en ninguna otra parte. Campeones también en esto.
Ya lo hemos dicho: superamos la crisis de la cual nos hablaba Ors. Y la de los años 70 y 80, también, Y de la de 1991-1993, también. Y también fueron muy graves. Con víctimas. Con la desaparición de sectores enteros de la industria. Con un 22% de desempleo. Pero pudimos superarlas. Y, sin embargo, ahora tenemos más que nunca reconocimiento político, y más proyección económica mundial, y más nivel científico y universitario, y una sociedad civil más sensibilizada. Necesitamos eso, sí, recuperar la ilusión y la confianza. Ors nos diría que necesitamos superar la crisis política y la crisis moral.
Es cosa de los políticos ver como pueden avalar más a las empresas o avanzar los pagos de la Administración a sus proveedores, o rebajar algunos impuestos, o bien intermediar entre el mundo empresarial y el sindical. O atenuar y combatir determinadas situaciones sociales graves. Es decir, es cosa de los políticos actuar sobre la problemática económica y social. Pero también es cosa de los políticos, y en general de personas con capacidad de liderazgo intelectual y emocional, recuperar la idea de país y la ilusión por él. Recuperar la seriedad cívica y el sentirse responsables.
Y, en general, es cosa de gente con mentalidad positiva y generosa. En todos los órdenes. Poco o mucho, es cosa de todos.