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¿Tenemos que pagar siempre los mismos?

Jordi Pujol
Editorial / 24 de Febrero de 2009

Primer capítulo

1) 24 de febrero de 1981, en el despacho del presidente de la Generalitat. Hacia mediodía. Se acabó felizmente el intento de golpe de Estado. En toda España todo el mundo hace declaraciones. De satisfacción, de alivio. El presidente de la Generalitat también las ha hecho. También positivas. En la televisión y la radio. Y ya se han apagado los focos y se han retirado los micrófonos. Y los periodistas están a punto de despedirse. Pero el presidente les dice una última cosa: "Sí, el golpe de Estado ha fracasado. Pero me da mucho miedo que esto lo pagaremos nosotros. Lo pagará Catalunya ".



2) 24 de febrero, por la tarde. Palacio de la Zarzuela. El rey ha convocado una reunión con Suárez, presidente saliente; Calvo Sotelo, presidente entrante; Felipe González, secretario general del PSOE, Santiago Carrillo, secretario general del PCE, y Manuel Fraga, presidente de AP. Es decir, de hecho, todos los partidos políticos del Congreso, con la excepción de CiU y del PNV. De lo que se habló en aquella reunión se sabe algo, aunque no con detalle. Pero de lo que se sabe, por la composición de la asistencia y por lo que después fue pasando no cuesta mucho imaginarlo.

3) No sabemos ni el día ni el lugar de este tercer episodio. UCD y PSOE, Calvo Sotelo y Felipe González, se ponen de acuerdo en tirar adelante conjuntamente la LOAPA (Ley orgánica de armonización del proceso autonómico). Con el beneplácito de Alianza Popular. Es decir, prácticamente todo el Parlamento. Una ley que tiene como objetivo truncar el proceso autonómico, con especial perjuicio a la Autonomía de Catalunya, ya que en el caso vasco el tema del concierto no se veía afectado y ya que era la comunidad que realmente reclamaba un techo sustancial alto de autogobierno.

Es decir, comenzábamos a pagar por el 23-F. Y lo hemos arrastrado durante muchos años.

Segundo capítulo

Es un capítulo largo, con muchas escenas, varios escenarios y protagonistas. Pero los argumentos son siempre similares: la Generalitat intenta mejorar su financiación. Y a menudo consigue mejoras, que luego se trasladan a todas las autonomías. Pero siempre con un coste político y de imagen alto. Es decir, también va a cargo nuestro el desgaste por la discusión con el Estado. "Los catalanes siempre quieren más", "se lo llevan todo", etc.

Tercer capítulo

El resultado de todo ello es el siguiente:

a) La aportación que Catalunya ha de hacer al resto del Estado cada año oscila entre el 8,5% y el 9% de su PIB. Dicho de otra manera, después de pagar los impuestos –y a menudo pagar privadamente suplementos en autopistas, escuelas, hospitales y servicios de todo tipo- los catalanes tenemos que pagar entre un 8% y un 9% más. No hay ninguna economía que pueda hacerlo sin que suponga un grave perjuicio para sus infraestructuras, sus servicios de todo tipo y su competitividad. A pesar de tener un PIB más alto per cápita en renta per cápita, Catalunya queda por debajo de varias regiones españolas que lo tienen más bajo y no puede ofrecer los mismos servicios a sus ciudadanos. Es decir, no se respeta lo que se llama el principio de ordinalidad que en todas partes se considera elemental.

b) Tanto es así que en un país como Alemania, donde también los Länder más ricos deben contribuir al progreso de los menos desarrollados, el propio Tribunal Constitucional ha dictaminado que esta aportación no podía ser superior al 4% del PIB.

c) Sin embargo el clamor general en toda España, alimentado por todos lados, es que los catalanes somos insolidarios, y se nos muestra una imagen cada vez más negativa. Hasta el punto de que nunca como ahora los medios de comunicación españoles, de derecha o izquierda, y la opinión pública de toda España habían sido tan contrarios a Catalunya como ahora. Y no sale nadie, de fuera de Catalunya, no ya a defendernos, sino simplemente a explicar la realidad.

d) Por tanto, y visto que las mejoras que se habían ido consiguiendo eran muy insuficientes, en la negociación del nuevo Estatuto el tema de la financiación fue clave. Y nos hemos  encontrado con la incomprensión y la hostilidad de siempre. Y con un principio básico y dominante en España, tanto de derechas como de izquierdas: "La solidaridad hay que practicarla con los bienes ajenos".

e) Y a eso ahora han añadido un nuevo argumento. Dicen que como hay crisis no se debe tocar nada. Que ahora eso no se toca, que ya hablaremos más adelante. No se habló en tiempos de vacas gordas, porque decían que en "tiempos de bonanza" no hacía falta, y no se debe hablar en "tiempos de agobios", porque hay otras urgencias. Y el Gobierno sigue incumpliendo todos sus compromisos, todas sus promesas, de la aplicación del nuevo Estatuto hasta la reforma de la financiación. Y mientras tanto, los catalanes, a seguir pagando el 9% anual de su PIB.
 

Consideraciones finales

1. Durante 35 años, desde la Transición, Catalunya ha tenido una actitud responsable en temas políticos, económicos y de solidaridad. Tanto como el que más, y más que muchos.

2. Ha contribuido, por tanto, a la transformación y el progreso de todo el Estado como el que más.

3. Se ha beneficiado de la consolidación democrática y del progreso general.

4. Pero desde hace muchos años ha sido sometida a un proceso de erosión política y económica, y de consideración y respeto. Y de deformación de su imagen. Un proceso cada vez más intenso y bruto.

5. Catalunya ya ha hecho, y seguirá haciéndola, toda la autocrítica que haga falta. Y será necesario que rectifique lo que haga falta. Pero no debe caer ni en la pérdida de autoestima ni en el síndrome de Estocolmo. La responsabilidad principal del mal trato que recibimos no es nuestra. El resto de España se debe analizar a si misma sin la autocomplacencia que exhibe ya desde hace bastantes años y sin el sistemático recelo y prejuicio que tiene hacia nosotros. En esto, y en todo, la pedagogía debemos hacerla todos, pero sobre todo la deben hacer los NO catalanes*.

*Hasta ahora y por error, en el editorial faltaba este NO, que hemos puesto en mayúsculas para destacar su importancia.


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