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Retomemos la reflexión sobre las causas de la crisis que iniciamos el pasado martes. Y citábamos lo que explica la Biblia de los siete años de vacas gordas y los siete años de vacas flacas que hubo en Egipto.
"El Faraón tuvo un sueño ... Subían del río siete vacas de hermoso aspecto y gordas, de carne, y pastos...Detrás de ellas subían del río otras siete vacas de mal aspecto y flacas de carne... que se comían a las siete vacas de buen aspecto y gordas... "Era un sueño, que José, el judío, aclaró al Faraón:" Vienen siete años de gran abundancia en toda la tierra de Egipto. Y luego vendrán siete años de hambre, y toda la abundancia quedará olvidada en la tierra de Egipto ". Y José, el judío, dijo más aún. Dijo al Faraón que durante los siete años de abundancia hiciera aprovisionar y almacenar. Y esto, "esta provisión de comida será una reserva para la tierra durante los siete años de hambre que vendrán a la tierra de Egipto."
Y así se hizo. Y todo pasó como José había dicho. "Se acabaron los siete años de abundancia que había habido en la tierra de Egipto. Y empezaron a venir los siete años de hambre. Y hubo hambre en todos los países, pero en la tierra de Egipto, había pan ".
Confiamos que se me disculpará por esta larga cita bíblica. Pero es que la sabiduría antigua suele explicar el sentido de la historia y de la vida con elegancia y concisión.
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Volviendo a la reflexión del martes pasado sobre la actual crisis económica, social y moral vemos que en España, como en Egipto hace miles de años, ha habido años de vacas gordas. Y no sólo siete. Pero en Egipto hubo previsión. Hubo buena administración. Buen gobierno. Y en España, no. ¿Y por qué no?
Era fácil de prever que las vacas gordas no durarían siempre. Y que podían venir las flacas. Y más de uno lo había advertido. Más de uno había dicho, por ejemplo: "el crecimiento español tiene de bueno que se produce en una etapa de fuerte vitalidad del país, en un momento histórico emergente. Pero eso no quita que este crecimiento tan fuerte se da gracias a cuatro factores de los cuales sólo uno ofrece garantías claras a medio y a largo plazo, que es el turismo. Quizá con oscilaciones, pero positivas, porque nuestro turismo es y puede ser competitivo”.
Y había añadido: "De los otros tres, dos no aseguran la competitividad futura, que son el consumo y la construcción. Ayudan a crecer y dan alegría. Pero no garantizan la mejora de la productividad y de la competitividad ni el levantamiento del techo del país. Finalmente la inmigración -cuarto gran factor de crecimiento- ha ayudado y ayuda a crear riqueza, porque trabaja y consume. Pero si es muy fuerte induce a optar por un modelo económico poco competitivo”.
Y eso ha hecho que en la tierra de España, contrariamente a lo que pasó en la tierra de Egipto, los gobiernos y la sociedad no hayan aprovechado los años buenos para prepararse para los malos.
¿Qué quiere decir no almacenar? ¿Qué quiere decir no preparar el futuro, que no siempre será fácil?. ¿Qué significa desaprovechar unos años de extraordinaria bonanza? ¿De superávit? ¿De vacas gordas?
Lo hemos leído hace poco en autores que lo explican mejor que nosotros mismos: significa no propiciar un nuevo modelo de crecimiento más sólido, en un momento tan favorable; significa dar prioridad absoluta al gasto social, que es importante, y hace quedar bien, pero que actualmente no puede hacer dejar de lado la investigación, la innovación, la competitividad y la internacionalización de nuestra economía; significa dar facilidades y relieve social a la economía basada en el dinero fácil y el endedudamiento desaforado concretamente en sectores que no son garantía de productividad y de solidez, etc.
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El relato del Génesis sólo habla del Faraón y de José. Que fueron prudentes. Y responsables. Y serios. Más de lo que han sido muchos gobiernos actuales. No fueron arrogantes ni creídos. No fueron petulantes. En cambio, no dice nada de la gente, del pueblo, de la sociedad. No sabemos nada. Porque entonces la gente y el pueblo contaban poco. O nada. Pero ahora sí que cuentan. Y cuenta el estado de ánimo de la gente. Cuenta mucho que ni la sociedad ni los gobiernos caigan en la petulancia o en la imprevisión del futuro, en la trampa de la facilidad, o en la mentalidad de nuevo rico. Y por eso no ha habido buen Gobierno. Y en España, en parte, esto ha ocurrido.
No sólo no se ha almacenado suficientemente, sino que, creyendo que sobraba de todo y las perspectivas eran buenas, más que consolidar lo que se tenía y hacerlo crecer y poner bases de futuro, se podía alegremente disfrutar de todo sin medida y sin preocuparse del futuro. Uno de los peores fallos de responsabilidad que puede haber es, como decía Helmut Schmidt, "die Entlastung der Zukunft" "descargarse el futuro", quitarse de encima la mochila del futuro.
Esto vale para el conjunto de España, que ha caído especialmente en esta manera de hacer de nuevo rico. Que ha hecho que el país y sus gobernantes -es decir, los políticos, pero también mucha gente- se hayan expresado con mucha presunción: somos los mejores en no sé cuantas cosas, crecemos más que nadie, ya hemos pasado a los italianos y de aquí a poco tiempo pasaremos a los franceses, etc. Y es cierto que se había progresado, pero sin poner los suficientes fundamentos y de una manera que ha hecho que de repente, España pueda ser proclamada, también, campeona en paro. Ahora la España que presumía sobre todo de muy social, dentro de la UE es campeona en paro.
Como dice Enric Juliana en su último libro, España es un país vigoroso y desorientado. Muy desorientado, pero vigoroso. Lo superará y podrá aprovechar las cosas positivas que tiene. Si aprende la lección.
Lo superará si hace una buena recapitulación.
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¿Y Catalunya?
En clave catalana hay dos preguntas que hacer. La primera: ¿Con qué estado de ánimo, con qué activo y con qué pasivo afronta toda esta crisis. Con qué recursos contamos?
¿Cómo debemos orientar el país, su política, su economía, la preparación de su futuro, los valores básicos de su sociedad? Estamos en un momento de cambio, las cosas no serán como antes, y la pregunta es: ¿de qué disponemos, de qué dispone Catalunya para avanzar? ¿Y cómo lo tenemos que utilizar?
La segunda pregunta nace del hecho siguiente. En los últimos años del franquismo y en el momento de la transición pareció que quizá la democracia y la autonomía harían posible, por una parte, un reconocimiento claro y muy sustancial de la personalidad de Catalunya en términos políticos, económicos e identitarios, con la correspondiente aceptación de esto por parte de la mentalidad española, y por otro, que la relación entre esta Catalunya y el resto del Estado fuera muy positiva para ambas partes. Y la pregunta es: tal y como han ido las cosas durante estos últimos años,-políticamente y de evolución de las mentalidades-, ¿cómo queda esta relación? Catalunya, ¿qué papel puede y qué papel quiere jugar?
Pero nos hemos entretenido demasiado hablando de la tierra de Egipto. Y estas dos cuestiones son muy profundas. Por tanto, de Catalunya, hablaremos el próximo martes.