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Conclusiones

Jordi Pujol
Editorial / 31 de Marzo de 2009

Hemos publicado cuatro editoriales seguidos desde el 3 de marzo- sobre la CRISIS. En mayúscula. Empezando por la crisis económica y política, y sus consecuencias sociales. Pero, yendo más allá, y analizando también el fallo de valores éticos y cívicos que ha contribuido a desatar la crisis. Y eso a muchos niveles, desde el personal y de nuestro país hasta el más global. Y finalmente analizando si en nuestro caso concreto, es decir, en Catalunya y en España, a todo esto no se une otra crisis, una crisis de proyecto.



Y la conclusión -la nuestra, al menos- es que sí. En parte provocada por todas las otras crisis, pero sobre todo, a causa de una dinámica propia. El proyecto no sólo político o económico sino de dimensión histórica, de valores compartidos, de normas de convivencia y de comunión de esfuerzo que ha habido en la relación entre Catalunya y el resto de España durante los últimos cuarenta años ha entrado en crisis. Como decíamos el pasado martes, el proyecto se ha estropeado.

EL PROYECTO SE HA ESTROPEADO

Desde Catalunya tenemos que ser capaces de analizar en qué hemos contribuido a ello. Y ya lo hemos hecho. Quizás lo tendremos que seguir haciendo. Pero de momento no es necesario. Porque es un ejercicio que no tiene sentido que lo haga uno solo. También debe hacerse desde el otro lado. Y eso, de momento, no se hace. Desde el resto de España no se hace porque aún están muy satisfechos con la evolución económica y social de los últimos 20 años -el milagro español, como hubo un Miracolo italiano- , y porque esto y la situación catalana en conjunto difícil han hecho que el respeto, y a veces una cierta admiración, hacia Catalunya pasara a una cierta displicencia y a la satisfacción típica del nuevo rico hacia el que ya no ven como tan fuerte.

Ahora están convencidos de que para hacer la España que quieren hacer no necesitan a Catalunya (aparte de la contribución anual del 9% del déficit fiscal catalán). Incluso no se dan cuenta de que sin la tremenda aportación de la Unión Europea el milagro español no se habría producido. Y es que el éxito rápido y espectacular hace perder el mundo de vista.

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POR TANTO, TENEMOS QUE PREPARARNOS PARA UNA ETAPA DE TRABAJO INTERNO

De Catalunya adentro. De aprovechamiento de lo que tenemos, de todos nuestros recursos. Recursos económicos y técnicos, intelectuales y morales. Y eso no será posible sin disciplina interna, sin autoexigencia. De hecho, sin patriotismo.

Para aprovechar al cien por cien nuestros recursos tenemos que recuperar la mentalidad de la sobriedad y de la eficacia, la cultura del esfuerzo y de la exigencia, y el sentido del bien común. Y debemos rechazar decididamente la cultura del no, la protesta por la protesta, la condescendencia con el incivismo, el preciocismo narcisista, el espectáculo, la fachenderia, la ligereza.

Somos y seremos un país mediterráneo y que sabe disfrutar de la vida, pero en nuestros mejores momentos hemos sabido combinar esto con un rigor ético y un concepto exigente de la sociedad que ha producido una mezcla de alta eficacia y calidad.

Sin el plus que esto nos puede dar no saldremos del escollo. Porque la gracia de Francesc Pujols - "llegará un día que los catalanes por el hecho de ser catalanes en todas partes lo tendremos todo pagado" -, que siempre fue una tontería, ahora en parte es verdad, pero al revés: "los catalanes, por el hecho de ser catalanes, deberán pagar más que los demás". Y la paradoja es, y será, que con esta segunda versión saldremos ganando. Sí, si lo asumimos bien saldremos ganando. Porque trabajaremos mejor y sacaremos más provecho de lo que tenemos.

No será la primera vez que esto ocurre. Ha habido épocas que no teníamos más que ahora -de hecho teníamos menos-, e hicimos más. En realidad ya excelimos. Pero ahora no será así si rápidamente y a fondo no cambiamos de manera de procedeer. En la política, en el discurso a la sociedad, en las actitudes básicas.
                                                   

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MIENTRAS, ¿QUÉ DEBEMOS ESPERAR DEL RESTO DE ESPAÑA? NO MUCHO

Como ya hemos dicho, ellos aún no se dan cuenta que también tienen problemas. Y que tendrán más. Esto, agravado por la idea de siempre, fuertemente al alza, de hacer de España un todo uniforme. Idea de siempre, desde los Austrias pasando por Carlos III y por los políticos del siglo XIX que hablaban, con animosidad, de las provincias todavía diferentes". Y por las dictaduras del siglo XX.

No debemos esperar de ella mucho. Ni lo que sería de justicia. Llegado el caso será necesario que reformulemos nuestras reclamaciones. Y que no renunciemos a nuestros derechos. Con energía. Y con mucha dignidad. Pero sin precipitación. Porque la negociación tiene sentido en el marco de un proyecto más global y generoso. Que ahora no existe. Ahora sólo habría regateo por la mínima. Ahora el proyecto se ha estropeado.

Con la situación política y parlamentaria actual a menudo te puedes encontrar con alguien que te dice: "Ahora los catalanes podréis vender cara la piel". A nuestro entender nuestra respuesta debería ser: "No vendemos nada. Nos hemos retirado de este mercado, porque no es un mercado serio. Porque las palabras no se cumplen. Y las balanzas no están equilibradas. Los pesos no son correctos. Las letras a plazos no se pagan. Cuando el mercado vuelva a ser serio y correcto ya nos avisarán ".

Y no tenemos que ir a mendigar. No debemos ir a "pedir alpiste". Tendremos lo que tendremos, que es justito, pero que bien administrado y actuando con sentido del bien común -es decir, con patriotismo- puede rendir lo suficiente. Más que con más recursos utilizados con demagogia, desconcierto y mentalidad de espectáculo.

El juego de mendigar no debe ser el nuestro. Según cómo será el de ellos. Pero no deberíamos entrar y hacer que crean que todo se resuelve con palmaditas en la espalda. El mal es más profundo. No hay proyecto de España. El de 1978 se ha estropeado. Lo que unos y otros han impulsado últimamente es inaceptable para Catalunya, y en el conjunto de España de momento crea una gran perturbación. Y ahora se verá si aguanta o no.

¿Qué hay que negociar, si no hay proyecto? ¿Si el pacto tácito de 1978 se ha roto?
                                                  
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ALGUNAS PREGUNTAS FINALES

1.¿Hay que rehacer, o conviene rehacer y renovar el pacto de 1978? Quizás sí, pero la iniciativa no puede salir de Catalunya.

2. Durante unas décadas Catalunya ha hecho una contribución muy importante al progreso general español. Políticamente, económicamente, socialmente. Ahora no es así. Ni está, tanto como antes, en condición de hacerlo ni se le acepta que lo haga (a parte del 9% del PIB). Y la pregunta es: ¿habría valido la pena aprovechar Catalunya más a fondo y no sólo circunstancialmente en momentos difíciles?

Es desde el resto de España que se ha de dar una primera respuesta a estas preguntas. No es nuestro trabajo -el de Catalunya- abrir el juego. Entre otras cosas porque no sabemos si quieren que lo haya. Y nosotros no les convenceremos. Ni siquiera les convenceremos de que corren peligro. Deberían fijarse que después del Miracolo italiano han venido veinte años largos de decadencia italiana. Cabe decir que comparada con Italia, España tiene cartas mejores. Claramente mejores, en más de un sentido. Pero no se puede fiar de ello. El desprestigio de las instituciones, el ensañamiento político y mediático, en la actualidad una política económica erràtica de criatura que se tapa los ojos y dice que no está, una productividad baja y una amenaza de paro grande (de momento , "España campeona europea de desempleo"), todo esto debería hacer pensar. Pero la arrogancia -o peor aún-, la vanidad del nuevo rico ciegan. Y pueden retrasar la toma de conciencia de una nueva situación.

Desde Catalunya nos lo deberíamos poder mirar con sereriedad. Porque lo que pudiera haber de inchado en nuestros balances ya lo hemos descontado en gran parte. De todos modos nos amenaza aún un peligro: que la sentencia del Tribunal Constitucional y el resultado final del tema de la financiación sean negativos. Esto acentuará lo que el presidente Montilla dice "nuestra desafección hacia el conjunto de España", pero no debería alterar nuestra determinación de trabajar a fondo y bien con lo que tengamos. Sin dar las gracias a nadie ni sentirnos deudores con nadie. Con lo que somos y tenemos. Y con fe en nosotros mismos.


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