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Hace tiempo que no hablamos de Europa. Porque estamos obsesionados con nuestros problemas catalanes, y españoles, políticos y nacionales, sociales y económicos. O bien estamos muy preocupados con el que es el motor principal de nuestra Fundación, y que además le da una personalidad especial, que es toda la temática del IVA. Es decir, de lo que paulatinamente ha de hacer posible un refuerzo moral de nuestro país.
Pero no podemos perder de vista que la vocación europea forma parte de nuestra personalidad como pueblo, que es un elemento muy principal de nuestra Historia. Y que modernamente ha sido un referente constante del catalanismo. Es decir, que no podemos perder de vista que somos europeos. Ni podemos perder de vista que si bien Europa ha perdido peso en el Mundo sigue siendo muy necesaria.
¿I con qué nos encontramos? De entrada con dos frases como estas:
1. En la portada del The Economist de hace quince días leíamos lo siguiente sobre Europa: «Veinte años perdidos, dos tratados inútiles, ignorada por China y los Estados Unidos, pero todavía la economía más grande del Mundo, es necesario que alguien, por favor, despierte Europa.»
2. Una frase del Presidente Obama en ocasión solemne (su primer discurso en la ONU el 23 de septiembre): «Los que fustigaban los Estados Unidos por haber actuado en solitario en el Mundo ahora no pueden mantenerse al margen y esperar que los problemas del Mundo se resuelvan solos.» Se refería, con esta frase, a la guerra del Afganistán, a la muy peligrosa inestabilidad del Pakistán, a la amenaza terrorista mundial. Y la dirigía sobre todo a los defensores del multilateralismo.
A esto le podemos añadir la idea, que hace años que defendemos, de que «el Mundo tiene necesidad de Europa». Y en la línea más precisa del Presidente Obama podemos decir que concretamente «los Estados Unidos tiene necesidad de Europa».
Esto ya hace años que se ve venir: que el Mundo, y especialmente los Estados Unidos, tendrían necesidad de Europa. Lo habíamos dicho en conferencias y artículos del 2002 al 2004. Decíamos que los Estados Unidos estaba llegando al límite de sus posibilidades, que empezaba a sufrir aquella situación que los historiadores anglosajones han llamado overstretching, o dicho en términos más nuestros y más claros «ir más allá de las propias posibilidades». Y ahora ya estamos aquí.
Hay otro hecho a tener en cuenta en este momento en el que se redistribuyen las cartas del gran juego geopolítico. Y es que podría pasar perfectamente que el G8 y el G20, es decir, las grandes agrupaciones de países políticamente y económicamente importantes, se tornen muy secundarios, y que realmente el que contara fuera el G2, es decir, los Estados y la China. Según nuestro parecer esto sería demasiado esquemático puesto que el Mundo es más complejo que todo esto. Pero en todo caso está claro que los Estados Unidos y la China jugarán un papel muy importante. Y por tanto Europa podría pensar que jugando un papel intermedio, ahora a favor de los Estados Unidos ahora a favor de la China, podría inclinar la balanza en un sentido u otro.
Creemos que este no debería ser el papel de Europa. Por sus valores, su identidad y su historia, Europa es occidental. Puede introducir variantes en la mentalidad occidental y a veces puede actuar como puente que facilite la relación de los grandes protagonistas. Pero, o es claramente occidental, ¿o qué será? Y si es occidental, su relación preferente debe ser los Estados Unidos.
Pero si decidiera ir sola i rechazar una relación especial con los Estados Unidos, si pretendiera ser un actor —ella sola, sin acompañante— del gran juego geopolítico, todavía sería más verdad que debería tener la cohesión, la fuerza y la voluntad necesarias para llevar a cabo una tarea como esta.
Y Europa no hace el esfuerzo para tener esta cohesión y esta fuerza, o lo hace poco. Y por tanto pasa lo que temíamos que pasara cuando en el año 2004 decíamos que podía llegar un momento en el que los Estado Unidos —por convicción o por necesidad— dijera «tenéis razón, con el unilateralismo no solucionaremos el Mundo, hagámoslo juntos», es decir, que nos propusieran actuar en términos bilaterales o multilaterales. Y que entonces, llegado el caso, Europa no estuviera en condiciones de hacer el papel que le corresponde en esta obra. Que no tuviera ni suficiente unidad, ni suficiente voluntad, ni suficiente ambición, ni suficiente tecnología, ni suficiente gente joven, ni suficiente doctrina, ni suficientes soldados para jugar este papel, muy importante, que le correspondería.
¿Europa está ahora en condiciones de aceptar esta responsabilidad? No está nada claro. ¿Y está mentalmente preparada? Tampoco no está claro. Y por eso el Presidente Obama habla como habla. Lo hace desde la ONU, y dirigiéndose a todo el mundo. Pero especialmente a Europa.
A Europa, que se ha distinguido por su «obamamanía». Y que ahora remolonea. Que hace aquello de «esperar y ver». Por eso hace pocos días el diario Le Monde decía que todo esto podría conducir al siguiente dilema: «Obama ou unilatéralisme par défaut». O Europa colabora con Obama o a los Estados Unidos no les quedará más remedio que volver al unilateralismo. Si es que aún pueden hacerlo.