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Frenos a superar (en un momento crítico)

Jordi Pujol
Editorial / 20 de Enero de 2010

Seguimos esperando la sentencia del TC sobre el Estatuto. Y se sigue haciendo suposiciones sobre si será una sentencia interpretativa a la baja, más o menos bien maquillada, o si anulará más drásticamente artículos importantes. En todo caso, sería muy sorprendente que no significara una rebaja importante y real del autogobierno que el nuevo Estatuto pretendía conseguir. Ya es muy altamente probable que el grado de autogobierno catalán no mejore realmente, y muy altamente probable que todo ello deje muy mal sabor de boca y que se haya roto una parte importante de la capacidad de diálogo y la confianza entre Catalunya y España.



Hasta el punto que incluso consejeros del actual Gobierno Tripartito hacen declaraciones diciendo que sea cual sea la sentencia, la relación entre Catalunya y España quedará seriamente alterada. Pero no toca hoy todavía, en este boletín, hablar de la reacción que pueda haber en Catalunya. Por lo tanto, a pesar de la creencia generalizada de que la sentencia no será favorable, ya hablaremos en su momento de la respuesta que dado el caso será necesario dar. Respuesta política, cívica, social y popular, es decir, de los partidos políticos, del Parlamento, del Gobierno y de toda la sociedad. 


Pero hay una cosa que ya desde ahora sabemos con certeza, y es que al día siguiente de la sentencia los catalanes deberemos sacar adelante el país. Deberemos trabajar para su modernización, para su progreso material, para la justicia y la equidad de su estructura social. También para la defensa de su identidad nacional, de su lengua, de su cultura, de su imaginario. Y para la integración de la gente que viene de fuera. Y para la autoestima de los ciudadanos. Y para el prestigio de Catalunya.

¿Y con qué deberemos hacerlo? Con lo que tengamos. Con un Estatuto que el TC habrá recortado entre mucho y bastante, que en todo caso no será la herramienta que pedíamos. Con un clima político y ciudadano español negativo. Con una crisis económica general. Y también deberemos y podremos trabajar con nuestros activos. Tenemos activos, y no son pocos ni poco importantes. Activos en el campo económico, en el cultural, en el tejido asociativo y en la sociedad civil, en la buena convivencia que hay en el país, etc. Un largo etcétera de cosas positivas. O sea que, aunque hay que trabajar en condiciones difíciles, podemos seguir construyendo un país y una sociedad positivos. A condición...

 

Con la condición de que saquemos rendimiento de nuestros activos. Y con la condición de que nosotros mismos no nos pongamos palos en las ruedas. En este sentido hay unos cuantos peligros a evitar o unos cuantos errores a enmendar. Y esto en ciertos aspectos con carácter de urgencia. El año 2010 será, en este sentido, un año decisivo.

1. Uno de ellos es lo que los italianos han denominado la CASTA, muy desarrollada en su país y causa –dicen ellos, con razón– de la frenada que ha sufrido su sociedad y su economía. Ya le dedicamos uno de nuestros editoriales, concretamente el 27 de mayo de 2008.                        

La casta en el ámbito político, de proliferación desmesurada de cargos y más cargos políticos, de más asesores, de liberados. Con responsabilidades que se superponen. Y de la casta en el ámbito de la administración pública, de su inflación. Con el resultado muy grave de una administración viciada, poco eficaz.

2. Todo esto puede tener algunas consecuencias aparentemente diferentes pero con un mismo resultado negativo. Una, la del INTERVENCIONISMO exagerado. Y la sobreactuación inútil que acaba provocando dilaciones, enredos y obstáculos innecesarios. Necesarios, en todo caso, para justificar la propia hipertrofia.                                                          

Todo ello frena la iniciativa de la sociedad y la desanima. Sobre todo si ve que en otros lugares (dentro o fuera del propio Estado) las cosas son más fáciles.

3. La CULTURA DEL NO. Es decir, aquella actitud muy generalizada de resistencia y oposición a todo tipo de proyectos, desde nuevas fábricas a centros de discapacitados, desde el cuarto cinturón del Vallès a narcosalas, desde parques eólicos a vertederos, pistas de esquí, parques logísticos o líneas eléctricas. Hemos dicho alguna vez que la cultura del no, del modo como se llega a practicar, acaba siendo reaccionaria porque va en contra del progreso general.                           

4.  Si todo esto –la casta, el intervencionismo exagerado y la sobreactuación, que entrelaza y entorpece la acción de gobierno a todos los niveles, y el estar en contra sistemáticamente– no es frenado y substituido por actitudes y acciones más constructivas, más serias y, en ciertos aspectos, más austeras, Catalunya quedará frenada. Ahora, en parte, ya sucede.                      
   
5. Todo esto no sólo provoca inoperancia y contradicción sistemática a la propia administración, sino un estado de ánimo colectivo desanimado y perplejo. Que en parte se manifiesta con lo que ahora llamamos la desafección política. Y con tal estado de ánimo no se producirá la recuperación de energía, de ilusión y de iniciativas que ahora, más que nunca, necesitamos. Ahora que, una vez terminado todo el proceso del Estatut, con el penoso espectáculo del Tribunal Constitucional y –más allá y más grave– de la reacción también penosa que ha habido en toda España, necesitaremos volver a sacar Catalunya adelante.                    

Como hemos dicho antes: con lo que tengamos. Pero sobre todo con una actitud positiva, de no perder el tiempo y de dejar a un lado todo lo que nos frena. Que nos frena por confusión de ideas, por sectarismo, por frivolidad y falta de seriedad, por confundir el servicio público con un modus vivendi, por confusión, desconcierto e incoherencia.

El freno a estas tendencias negativas se debe ejercer desde todos los ámbitos de la sociedad. Y se sabe que desde estos editoriales hemos intentado principalmente hacer entender la importancia de todo lo que es previo a la política, lo que ha de ser el substrato intelectual y ético sobre el cual hay que edificar la acción colectiva. Es lo que hemos denominado el IVA (Ideas, Valores y Actitudes). Y seguiremos haciéndolo. Porque sin esto como fundamento una sociedad no dispone de la base necesaria para salir adelante. Pero finalmente el impulso de un país pasa por la POLÍTICA. Especialmente en momentos de vacilación o de particular dificultad. Ahora, éste es nuestro caso. En momentos como estos la política pasa a ser una prioridad.