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Sí, ahora toca la política

Jordi Pujol
Editorial / 26 de Enero de 2010

El editorial de la semana pasada ha provocado algunos comentarios que está bien recoger y comentar. Resumiendo, lo que hacen es plantear una pregunta. Dicen que la línea editorial de este boletín se ha caracterizado por hablar principalmente del «substrato intelectual y ético sobre el cual hay que edificar la acción colectiva» y sobre lo que hemos llamado el IVA, es decir, el conjunto de ideas claras, valores sólidos y actitudes positivas que un país necesita para salir adelante. Más sobre esto que sobre la política en sí misma. Y que en cambio en los últimos editoriales, y también en el de la semana pasada, hemos puesto el acento en la política. E incluso en la urgencia de la acción política. Y así es.



Pero es que entre las ideas claras que nuestra sociedad ha de tener también está ésta: que un país sin buena política no sale adelante. Y entre las actitudes positivas que debe tener, tiene que haber una valoración que puede ser crítica de la política, pero que debe ser ponderada y hecha desde la propia responsabilidad.

Y pasa que la urgencia y las prioridades son cambiantes. Hay épocas de trabajo de fondo, de maduración lenta de ideas y de valores. Del mismo modo que en agricultura hay meses de crecimiento lento, por dentro, poco visto, pero decisivo. Pero hay momentos en los que este crecimiento se perderá, o se pudrirá, si no se llevan a cabo acciones resolutivas. Si no se riega, o si no se recoge.

Ahora en Catalunya se vive un momento de estos, en el que hay que seguir haciendo el trabajo de cada día. En el que hay que seguir trabajando en el campo económico, intelectual y cultural. Y en el de la sociedad civil en general. Pero conscientes de que se ha producido un atasco. Tenemos una situación en la que el vehículo resbala. Una situación de estancación, o de giro sobre si mismo. Consumiéndose. Cuando sucede esto hay que encontrar el modo de marcar una dirección, de dar un impulso, de dar una aceleración y desencallar. Y esto ya no es propio de una reflexión pausada y más a largo plazo, sino de una acción decidida y consistente, y sobre todo efectiva y resolutiva. Ya es propio de la política.   

Por lo tanto, es el momento de la acción política. Sin olvidar el IVA ni los estudios técnicos. Ni la sociedad civil. Pero con la política al frente, porque sólo una política enérgica y eficaz, seria y responsable puede desencallar el país.

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Llegados a este punto es fácil prever la mueca escéptica, desanimada e incluso desconsiderada de algunos, o de muchos. Porque es cierto que la política, y los políticos, hoy están muy desconsiderados. Y se entiende.

Pero también hay que entender –es absolutamente necesario que se entienda– que un país sin una política seria, eficaz y capaz de conducir no sale adelante. Y en nuestro caso, en el caso de Catalunya, ahora –ahora–, sin una política así el país seguirá encallado. Como un coche que se queda atrapado en unas roderas o en el barro. Y que sólo puede salir del bache con un manejo adecuado del conductor y con una buena aceleración. Y esto es cosa de todos, pero sobre todo de la política. 

Y en esto hay lo que hay. Y tenemos lo que tenemos. Ya hemos dicho anteriormente que en Catalunya, una vez acabado todo el apuro del Estatut y el penoso espectáculo del Tribunal Constitucional (TC) y de los grandes partidos españoles, y a pesar de la pérdida de confianza que esto habrá significado en muchos sentidos, los catalanes deberemos ponernos a trabajar con lo que tengamos. Pero también hemos dicho que nuestros activos son importantes. Lo son en economía, en sociedad civil, en cultura, en convivencia, en capacidad integradora, en conciencia colectiva, en vocación de abertura, etc.

Y también lo son en política. Porque debemos ser conscientes de que los políticos catalanes se mueven en un campo de juego difícil. Difícil el propiamente catalán y difícil y pernicioso, respecto a Catalunya, el español. Y todo ello sin hablar de la crisis económica que en todas partes de Europa y de los Estados Unidos crea malestar y erosiona la imagen de los políticos. Y también debemos ser conscientes de que en la raíz de algunos de nuestros problemas no están tan sólo los fallos y las actitudes de los políticos, sino de todos nosotros. 

El exceso de euforia de los últimos años, por ejemplo, que ha provocado una parte importante de la crisis actual, es un ejemplo muy claro de nuestros errores.

En tiempos no tan críticos como los de ahora ya hablamos de la grandeza y de la miseria de la política. Ya dijimos que la política es un trabajo de la máxima importancia y, por lo tanto, que hay que contemplarla con atención y respeto. Pero también dijimos que es un producto que se puede estropear con facilidad. Aquí y en cualquier parte y siempre. Pero jamás se puede renunciar a ella. Por lo tanto, la gente que tenga conciencia de ciudadanía no puede despreocuparse de la política. Y menos en un régimen democrático. Y menos en un país como Catalunya.
 

Se ha dicho todo esto no con la intención de defender a los políticos, algunos de los cuales se lo merecen y otros no tanto. Sino de defender a la sociedad. Y de defender Catalunya. Sin sociedad civil y sin un buen IVA (ideas, valores y actitudes) un país no avanza. Sin política y con rechazo malhumorado de la política, tampoco. 

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Resumiendo: ahora en Catalunya es el momento de la prioridad política. De la sacudida política que desencalle el carro. Una sacudida seria y constructiva. Patriótica. Capaz de disipar las nubes y de redescubrir horizontes.

Este es el trabajo de los políticos. Pero la ciudadanía no puede desentenderse de ello.