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Una tercera reflexión. Esta, sobre Europa

Jordi Pujol
Editorial / 02 de Marzo de 2010

Nuestros editoriales de los días 9 y 16 de febrero fueron una reflexión sobre España y una reflexión sobre Catalunya. Hechas desde el punto de vista político y económico, de estado de ánimo y de capacidad de reacción. Algunas de las respuestas que sobre estos dos editoriales ha recibido nuestra Fundación reclaman que se haga una reflexión parecida sobre Europa.




Es una petición muy pertinente, porque el momento europeo es delicado y porque el catalanismo ha ido siempre muy ligado al europeismo.

Sí, Europa no pasa un buen momento. No pasa un buen momento económicamente hablando, con pérdida de productividad y competitividad. Cabe decir que sigue siendo el primer mercado del Mundo y que en conjunto, con Alemania al frente, sigue teniendo un gran potencial exportador. Pero con pérdida de velocidad. El objetivo del tratado de Lisboa, que era hacer de Europa el continente más competitivo, ya está fuera de nuestro alcance. Tan solo en 10 años, del 2000 hasta hoy, el cambio ha sido espectacular, y en negativo.

No pasa un buen momento desde un punto de vista político. Pierde peso político. Y mantiene cierto peso militar, pero frenado por la crisis económica y por una opinión pública reticente. Y en todo caso, sin otra posibilidad que la de hacer de auxiliar de los Estado Unidos.

Y en conjunto, por lo tanto, pierde peso estratégico. En los círculos de reflexión estratégica de los Estados Unidos –universidades, think tanks,...–, de Europa ya se habla poco. Se habla de la China como challenger, de la India como posible aliada, y del terrorismo del Islam. Pero poco de Europa. En cualquier caso, mucho menos que antes. Y se ha distanciado claramente de Europa. En Copenhague, por ejemplo, con motivo del cambio climático.

Todo ello tiene varias causas. Una, muy principal, es que el proceso de unidad europea ha progresado poco, o en todo caso menos de lo necesario. La misma crisis actual económica y monetaria de Europa pone de manifiesto esta carencia. O bien la dificultad de definir una política energética. Un terreno difícil para todo el mundo, pero especialmente para Europa, en una parte importante demasiado dependiente de Rusia, país de trato difícil. Esto lo ilustra también, de un modo que llega a ser un poco penoso, el disgusto europeo por el hecho de que el Presidente Obama haya renunciado a participar en una cumbre entre la UE y los USA (que debía hacerse en Madrid). Obama representó (y talvez todavía representa en parte) una oportunidad para Europa. «Con este sí que nos entenderemos», decíamos los europeos. Pero Obama era también un reto. Decir que no a según qué cosa a los USA de Obama no es tan fácil como hacerlo a los USA de Bush. Y los USA han empezado a expresar su decepción. Esto por un lado. Por otro lado, algunos políticos europeos han dado la sensación casi ridícula de quererse hacer una foto con el Presidente Obama. En conjunto, todo esto no nos hace quedar bien.

O sea que Europa se siente amenazada al este próximo por Rusia, al este lejano por Asia y al oeste por el distanciamiento norteamericano. Pero tiene dos problemas más. Uno, la debilidad demográfica. Sólo Francia, los Países Escandinavos e Irlanda aguantan o casi aguantan (sin inmigración) la población. El resto, no. Claramente, no. Esto se puede solucionar con inmigración. Pero es solución y problema al mismo tiempo. Podríamos decir que es el problema que le viene del sur. Que le puede ayudar en más de un aspecto, pero que ya es evidente que también puede convertirse en un problema serio. En todo caso, en una parte importante de Europa esto preocupa mucho. Y es un componente más –no el único– de la crisis de identidad que sufrimos los europeos.

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Esta visión negativa de Europa y de su futuro es la que inspiró la política de Aznar. Que venía a ser la siguiente: saquémosle a Europa todo lo que podamos (y por lo tanto firmemos y actuemos con ella), pero de cara al futuro orientémonos hacia los USA. Esto era un error. Pero ahora, diez años después, este error ya no es ni posible. Porque los Estados Unidos miran más hacia otras direcciones. 

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Catalunya, por desgracia, tiene poco que decir a todo esto. Somos europeístas no porque pensemos que podemos sacar provecho de Europa, sino porque por razones históricas y culturales, más que para muchos otros pueblos, forma parte de la identidad, del sentimiento y de la conciencia de país. Por lo tanto, que los valores, la conciencia y el proyecto europeo se mantengan y avancen (y en cualquier caso que no vayan a menos) es bueno para Catalunya.

Pero ya que hablamos de valores europeos, debemos acabar esta reflexión apuntando que lo que está en juego con toda esta crisis de Europa no es tan solo el peso político y económico europeo, sino también los valores occidentales.

Javier Solana decía hace pocos días en ESADE que hay un proceso de desoccidentalización. Y recordemos –si es que es necesario– que Occidente quiere decir Europa y USA. Y es muy probable que así sea, que realmente haya un proceso de desoccidentalización.

Y la pregunta que nosotros formulamos es: ¿quiere decir esto pérdida simplemente de peso, al menos económico y de decisión política, o quiere decir reculada de los valores occidentales? Que han estado y están en la base de la Democracia y del Estado del Bienestar.

Tal vez habrá que seguir hablando más adelante de este último punto: de los valores a defender, aquí y en todo el Mundo.


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