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1. Cada tiempo tiene su urgencia. O sus urgencias.
Ahora tenemos más de una urgencia. Tenemos la urgencia de la crisis económica, que se juega en más de un ámbito: el mundial, el europeo, el del Estado español y el de Catalunya. Tenemos crisis de proyecto en Europa y crisis política e institucional en España. Todo esto de un modo u otro gravita sobre Catalunya. Y de esto hablamos en este editorial.
En más de una ocasión hemos hablado del desconcierto y de la desorientación que se ha instalado en Catalunya. Que nacen del conflicto del Estatut, de la cada vez más difícil relación con España, de una actuación de gobierno poco coherente, de la crisis económica, en conjunto de una forma de hacer poco seria y poco estimulante.
Superar esta situación que nos hace recular es urgente. Y es posible porque a pesar de todo tenemos muchos activos.
Como hemos dicho y repetido infinidad de veces. Activos en el campo de las iniciativas empresariales, en el de la internacionalización, en el de las nuevas tecnologías, en el de la acción social y asistencial, en el de la investigación e innovación. Y hay sectores de nuestra juventud que están muy al día, con proyectos y ganas. Seguimos teniendo una sociedad capaz. Una sociedad que no tan solo podría resistir, sino también aprovechar el momento de crisis para sentar bases de futuro. Dando por supuesto que quien no lo haga saldrá mal de la crisis. Saldrá con el presente maltrecho y con el futuro comprometido.
Pero a esta sociedad le falta, en conjunto, cobertura e impulso. Le falta sensación de que forma parte de un proyecto dentro del cual lo que cada uno hace es potenciado. Le falta sensación de seguridad y de complicidad colectivas. Le falta sobre todo una acción política de país. Con un proyecto que valga la pena, con un compromiso claro, con suficiente coherencia y suficiente seriedad para dar confianza.
Todo esto no es posible sin una buena política. Lo hemos dicho muchas veces. Lo repetiremos hoy con un ejemplo.
2. Las fuentes del Llobregat
Las fuentes del Llobregat. Mucha gente las ha ido a ver. Allí nace el Llobregat. En Castellar de n’Hug, en el Alt Berguedà. Son todo un espectáculo de belleza y frescor. Pero también pueden ser un motivo de reflexión. Pueden ayudar a entender una cosa: qué es la política y porqué es necesaria. Y porqué hay momentos en que lo es especialmente.
El agua sale de entre las rocas, con mucha fuerza. Va hacia abajo, saltando de roca en roca. Espumando. Es un agua joven y alegre. Y el conjunto de rocas, agua, matas y flores resulta muy bonito.
Es un agua potente. Potencialmente potente. Es decir, su potencia será aprovechada o no. En el caso de las fuentes del Llobregat lo ha sido.
Lo ha sido porque muy pronto una gran parte de esta agua es llevada hacia una gran cañería que a través de un gran desnivel es conducida al desfiladero por donde fluye el Llobregat. La cañería concentra el agua y da más inclinación y más velocidad a su caída. Es decir, más potencia. Pero antes de llegar al cauce del río será llevada a una turbina que producirá la energía que hará funcionar una fábrica de cemento. Es gracias al agua de las fuentes del Llobregat y a su cañería que en el año 1902 se pudo construir la primera fábrica de cemento del Estado en la Pobla de Lillet.
Digámoslo de otra forma. Igual que el agua de las fuentes del Llobregat, el país tiene fuerza, juventud, capacidad de ilusión, ganas de vivir y de hacer cosas. Pero si esta potencia y esta ambición no es orientada y no es canalizada, si no se le da la inclinación necesaria para que coja velocidad y potencia, si no se la orienta para que actúe sobre lo que tiene que actuar (el equivalente de la turbina) y no se dispersa con poca efectividad (el equivalente al cauce del río), toda esta energía y esta capacidad rendirán poco.
Pues bien, poner la cañería y poner debajo una turbina viene a ser acción política. Hay que completar esta comparación con otro elemento. Todo esto –la cañería y la turbina– no se pone por capricho. Se pone porque hay un proyecto, que es una fábrica de cemento.
Con esto tenemos completado lo que es una acción política bien concebida y bien canalizada. Que como mínimo tiene tres componentes: un proyecto (la fábrica), un programa de actuaciones que lo ha hecho posible (la cañería y la turbina) y una ilusión o una ambición positiva (las ganas de hacer la primera fábrica de cemento de todo el Estado en el Alt Berguedá).
Hay que añadir que no toda el agua de las fuentes del Llobregat es conducida a la cañería. Ni tiene que serlo. Una parte de esta agua seguirá bajando montaña abajo, sin cañería, libre. Tiene que bajar el agua suficiente para mantener la vitalidad del río. Es decir, para mantener la vitalidad de la sociedad civil.
Sin el agua que brota de las fuentes no habría río. Cuanta más agua brote más río habrá. Y más agua se podrá canalizar hacia la turbina, es decir, hacia la creación de riqueza. Y más agua habrá también para mantener vivo el río, fuera de la cañería. Para seguir manteniendo libre la naturaleza, el paisaje y la belleza.
Tan solo hay que remarcar que ahora tenemos sobre todo una crisis de cañería. Las fuentes siguen brotando. Un poco más o un poco menos, pero están vivas. Pero no se conducen bien, en la parte que corresponde, hacia la cañería. Es decir, hay un fallo político.
Cata tiempo tiene su urgencia. Cada tiempo tiene su fallo particular, que hay que corregir. Ahora en Catalunya la urgencia es política.