Calendario de actividades

Actividades de Jordi Pujol Actividades propias Actividades recomendadas

Próximas actividades

Participa
Suscríbete
Boletines

Privacidad

Colabora
Inicio > Jordi Pujol > Publicaciones > Artículos > Una reflexión sobre Hungría

Una reflexión sobre Hungría

Jordi Pujol
Editorial / 08 de Junio de 2010

Hicimos una reflexión sobre Grecia. Muy crítica. Muy crítica por el exceso que hacía años practicaba, exceso en el que todo el mundo mucho o poco participó. Y esto agravado por la falsificación de su contabilidad pública y el engaño a la Comisión Europea.




Hemos estado haciendo también una crítica muy a fondo sobre como se han hecho las cosas en España, también durante muchos años. Y lo hemos hecho utilizando la parábola del nuevo rico. La del hombre, la familia o el país que ha pasado muchos años, décadas e incluso siglos de gran dificultad y decadencia, y que de golpe, en el transcurso de cuarenta años, ve que ha mejorado mucho. Por mérito propio o por suerte, o un poco por las dos cosas. Y en poco tiempo. Es un nuevo rico. Cuando esto pasa fácilmente la persona, la familia o el país en cuestión adoptan una actitud petulante y quieren hacer pagar a los que antes eran más que ellos la sensación de inferioridad que vivieron y que les creó cierto resentimiento. Esto por un lado. Por el otro, se lanzan a un gasto desmesurado y poco inteligente, de ostentación más que de consolidación del patrimonio.

Tanto el caso de Grecia como el de España han acabado teniendo efectos negativos. Para los dos países, y de rebote para España.

En Hungría ha pasado algo parecido. Con la incorporación a la Unión Europea y al sistema económico occidental el país en general, y su clase política en particular, perdieron el mundo de vista y el sentido de la realidad. Y se produjo una situación muy apurada, que el Gobierno socialista ocultó. El momento álgido de la tensión de las cuentas del Estado, con unas perspectivas de futuro inmediato negras, se produjo poco antes de unas elecciones. El Gobierno y especialmente el Primer Ministro engañó a la población. Ganaron las elecciones, pero al día siguiente no sólo incumplieron las promesas hechas, sino que se supo de un modo escandaloso que el engaño se había hecho con falta de respeto hacia el país.

La economía siguió funcionando mal hasta que, poco antes de unas nuevas elecciones, un nuevo gobierno, también socialista, intentó enderezar la situación con el Fondo Monetario Internacional. Pero el mal para la economía del país y las perspectivas electorales del Gobierno socialista ya estaba hecho. Y la oposición liberal ganó con una mayoría aplastante.

La oposición liberal en la campaña prometió «el oro y el moro». Prometió sobre todo rebajar impuestos y más servicios sociales. Un programa que era imposible cumplir, pero entre estas promesas y el desprestigio del Gobierno la oposición sacó una mayoría de más de dos tercios. 

Naturalmente, no ha pasado ni un mes y el nuevo Gobierno ya ha dicho que no se podrá llevar a cabo la política generosa que había prometido, sino que, todo lo contrario, se deberá hacer una política restrictiva. Pero para justificar este cambio tan radical ha tenido que decir que la economía está mucho peor de lo que se había dicho, que el Gobierno anterior había hecho un agujero muy grande, que había hecho trampas con las cuentas, etc. Es decir, que el país está en una situación económica gravísima. Y realmente lo está. Pero el Gobierno actual lo exagera para poder dar las culpas al Gobierno anterior y desdecirse de las promesas electorales.

Todo esto no es nuevo. No es la primera vez que pasa. Pero esta vez las repercusiones han estado a punto de ser más graves que de costumbre porque una declaración gubernamental tan alarmista como la que hizo el gobierno de Budapest crea pánico a toda la Unión Europea, hace bajar las Bolsas y hace pensar que si después de Grecia viene Hungría y quien sabe quien más, todo el sistema europeo puede entrar en crisis. Afortunadamente, en este caso, Hungría forma parte de la Unión Europea pero todavía no, de la zona euro.

Por suerte las autoridades económicas y políticas europeas reaccionaron muy rápidamente y eficazmente. Y dejaron claro que la situación era grave, pero no tanto. Pero durante todo el pasado viernes hubo el peligro de una crisis fuerte del euro, de las bolsas y del equilibrio de países como España, Portugal, Italia, etc.

Todo ello por una forma demagógica, poco seria y poco honesta de hacer política.

                                           ------------------------
Desde el inicio de la actual crisis económica se ha dicho y repetido que había, en su origen, dos errores principales: el no respeto de las normas y la codicia. De hecho, dos errores morales. Que se manifiestan de diferentes maneras: la especulación desenfrenada, el consumismo a ultranza, la fanfarronería, lo que hemos llamado la mentalidad del nuevo rico, la inconsistencia económica y social, la falta de seriedad en los asuntos públicos y privados, etc. Errores que se dan en todos los ámbitos, también en el de la política. Y que se han dado en Gran Bretaña, en Italia, Irlanda e Islandia. En los Estados Unidos. También en España. Y ahora en Hungría. Con el agravante –y el caso húngaro es la prueba– que la demagogia y la codicia de una país –a veces agravado por la ligereza con la que se ha tratado estos días el caso de Hungría– tienen repercusiones de gran amplitud. 

En el gran diálogo que en Europa –y en Occidente entero, como mínimo–, deberá haber cuando se haya superado la crisis actual, será necesario hablar de controles financieros, de techos de endeudamiento, etc., pero también se deberá intentar recuperar el sentido ético de la responsabilidad. Que es más difícil que establecer una especie de policía financiera.


© 2012 Centre d'Estudis Jordi Pujol | RSS | Información legal | Contacto
Passeig de Gràcia, 88 - 1o 2a - 08080 Barcelona - Teléfono: 933 428 535 - Fax: 933 428 964 - E-mail: info@jordipujol.cat