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El pensamiento político de Jordi Pujol engloba muchos de los aspectos que configuran una sociedad moderna y un país moderno. Te presentamos un resumen de los más destacados.
Esta muestra se ha extraído de fragmentos de discursos del presidente Pujol pronunciados entre los años 80-86. A pesar de ser el eje central de su ideología y el pilar fundamental de la acción del gobierno, algunos de estos conceptos se irán enriqueciendo y modulando a lo largo de los años.
El autogobierno es un instrumento al servicio del país para fortalecer nuestra identidad. Debería permitirnos adoptar nuestras propias decisiones políticas en función de las necesidades de Cataluña y los catalanes. Debería dotarnos de suficiencia financiera para poder actuar eficazmente. Pero a pesar de que en Cataluña hemos conducido esta reivindicación sin dañar la convivencia, ni la cohesión social, ni la capacidad de hacer progresar el país, todavía todos los actores españoles ven con recelo el reconocimiento de nuestra personalidad diferencial.
Cataluña debe tener la capacidad de mantener su continuidad histórica y a la par estimular la integración cultural, identitaria y social de los inmigrantes a partir de nuestros valores tradicionales del trabajo y el esfuerzo. Los recién llegados deben tener el derecho de poder ascender socialmente y el deber de respetar las normas y los valores de nuestro país.
En Europa existen valores que son universales, como la democracia y la economía de mercado. Pero ellos solos no generan suficiente ilusión puesto que la solidaridad pública y social se debe complementar con las solidaridades personales y de grupo. Sin política no hay democracia. Política quiere decir gestionar con coraje el bien común, algo que requiere una dosis de espiritualidad, ideas consistentes, valores sólidos y actitudes positivas que permitan adquirir compromisos fuertes y de larga duración.
Uno de los objetivos tradicionales del catalanismo ha sido velar por el equilibrio territorial. Éste permite que todo el conjunto de nuestra fisonomía geográfica y social -territorio y población- actúe como un único cuerpo vivo y dinámico. Cataluña necesita el equilibrio a partes iguales entre nuestra capital, Barcelona, y el resto del territorio.
El modelo del estado del bienestar europeo es un gran éxito, porque es el que mundialmente ofrece mejor servicio y atención a las personas. Combina la creación de riqueza con la protección eficaz de los ciudadanos ante los riesgos de la vida y garantiza a todo el mundo formación y promoción.
Toda colectividad necesita tener unos vínculos de orden moral y sensibilidad que dan profundidad y fuerza a su voluntad de vivir en común. En Europa, una de las cosas que más no da ese sentido de conciencia común es el sentido de la historia: somos los europeos los que hemos abierto el camino hacia la democracia y el progreso social. Nosotros, más que cualquier otra civilización, somos los que hemos universalizado los valores de libertad, modernidad, pluralismo y convivencia de lenguas y pueblos.
No somos gente que viene del pasado: somos gente que va hacia el futuro con voluntad de seguir fieles a la herencia y la lengua de los fundadores de la nación catalana. Nuestras raíces son carolingias, mediterráneas y peninsulares. Debemos ser capaces de vivir nuestra identidad de forma abierta e integradora, pero también transmisora de nuestros valores de siempre.
Nacionalismo es la voluntad de ser y de ser reconocido. Somos una lengua, una cultura, una historia, un derecho, unas instituciones e incluso una filosofía social. El nacionalismo es por lo tanto ética y humanismo. Y es nuestra nobleza de espíritu y el orgullo lo que dignifica y da fuerza moral a nuestra experiencia nacional.
Existe un elemento esencial dentro del progreso: la modernización. Pero no económica, sino de toda la sociedad. Cataluña es una nación pequeña que no se puede cerrar en sí misma, porque se ahogaría. Necesitamos innovar, salir al exterior, exportar, internacionalizarnos. Y todo eso nos exige formación.
Un país que no dispone en todos los ámbitos de ideas claras, valores sólidos y actitudes positivas difícilmente tendrá buena política, buena acción social y buena economía. Porque es ese sustrato ético, moral, intelectual y vital lo que da coherencia, convicción y energía a la acción de un país. Tan solo con este tipo de valores básicos puede funcionar una sociedad.